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Sábado, 10 de junio de 2006
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CICLISMO
«Hasta ahora salía a las carreras a recuperarme, hoy saldré a ganar»
El corredor del Euskaltel-Euskadi subió «cómodo» el Izoard, con ganas de atacar «No podía irme a casa con la sensación del Ventoux; me habría comido la cabeza»
«Hasta ahora salía a las carreras a recuperarme, hoy saldré a ganar»
CAMBIO. Iban Mayo estuvo ayer entre los mejores. / EFE
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Quizá era un golpe lo que necesitaba. En una caída durante el Tour 2004, justo antes de entrar en el primer tramo de pavés, se eclipsó. En otra, ayer camino de Briançon, regresó. A veces, un golpe se soluciona con otro.

«No podía irme a casa con la mala sensación del Ventoux y con la caída. Hubiera estado todo el mes con el 'comecocos' antes de ir al Tour». Con vendas en el codo y la cadera, ya duchado y con la chapa repintada, aparece en la recepción del hotel Cristol, en Briançon, a 150 metros de la meta, del charco de rabia que allí había dejado. «¿Qué son esas heridas?», le preguntan. «Nada. Eso no duele». Sólo le escocía la derrota. Aunque ya menos. Pasada media hora, a Mayo le comienza a ilusionar la clasificación que ve. Segundo en Briançon. Le cuestionan por el Tour. «Bueno, lo importante es que esto me quita dudas. Hasta ahora salía a las carreras pensando en si iba a recuperarme. Mañana (por hoy) saldré a ganar. A por la etapa. Más motivado que nunca», anunciaba desplegando una sonrisa que parecía archivada.

«Me cambia la cabeza»

Pantalón pirata negro, camiseta a juego. Con el moreno parcial de los ciclistas. Con las vendas al aire. Castigado por fuera y reluciente por dentro. «Vuelvo a estar delante. Hacía mucho tiempo que no tenía estas sensaciones. Me ha hecho mucha ilusión verme otra vez con los mejores». Lo dice con esa voz suave, casi silbante, que no cuadra con los gritos de su piernas en el Izoard. «Con esto cambia la cabeza, que es muy importante». Se sentía liberado, sin el lastre de la duda. «He subido cómodo el Izoard. Podía salir a los ataques y lanzar alguno. Hasta hoy -por ayer-, cuando llegaba una cuesta pensaba en aguantar. Había perdido la confianza». Eso le pasó el jueves en el Mont Ventoux. «Fue un palo muy gordo. Yo ya sabía que no estaba tan mal. Me había encontrado a gusto entrenando».

El futuro de Mayo es hoy. Es un cazador. Vive de hacer presas para su palmarés. De disparar al día. «Necesitaba una victoria como la que se me ha escapado». Ya llegará. Ahora lo sabe. «Vuelvo a estar delante. Se ha visto que me he recuperado». La sonrisa de hace dos años en el Ventoux llegó ayer al Izoard.



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