El Correo Digital
Sábado, 10 de junio de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES


ECONOMÍA
ANÁLISIS
Idea, no ocurrencia
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

La petición efectuada por el lehendakari el jueves en Bilbao, en el curso de la reunión de la Asociación de Operadores Petrolíferos, para que el Gobierno central traslade a Bilbao la sede de la Comisión Nacional de la Energía (CNE) tiene todo el sentido del mundo. Primero, porque la insistencia en centralizar en Madrid toda la Administración del Estado no se corresponde con el diseño territorial que marca la Constitución, ni mucho menos con los cambios que se están introduciendo en el modelo. Segundo, porque esa exagerada concentración ha terminado por convertir a la capital del reino en una ciudad casi siempre incómoda, muchas veces colapsada y, en ocasiones, agresiva. Y, tercero, porque Bilbao ha tenido -y en cierta medida aún tiene- un papel relevante en el mapa energético nacional, principalmente debido a la presencia de Iberdrola. La idea me parece tan buena que, con toda humildad, me permito recordar que la he expuesto antes en varias ocasiones.

Pero, si queremos que se haga realidad, es necesario añadirle varios ingredientes para evitar que se convierta en una mera «ocurrencia» soltada en un foro sin más pretensiones que epatar a la audiencia. La idea necesita mucha cocina interna y mucha negociación con el Gobierno. Y, sobre todo, necesita un esquema de confianza y lealtad inatacable.

No es bueno ni conveniente para nadie, salvo para los nacionalistas más radicales, que el Estado abandone toda presencia en Euskadi, por la sencilla razón de que cuanto menor sea el coste de la independencia mayor será su aceptación. Pero pedir la descentralización de un organismo de la importancia de la Comisión Nacional de la Energía a la vez que se hacen planteamientos rupturistas con el Estado o, cuando menos, propuestas de organización territorial con perfiles muy difusos y demasiado indefinidos, es una tarea del todo inútil.

Repartir el Estado y dotar a las comunidades autónomas de partes concretas y visibles de la Administración es lógico y saludable; pero eso requiere con carácter previo la existencia de un marco de relaciones claro, sólido y definitivo. ¿Piensan ustedes que ya lo tenemos? i.m.gardoqui@diario-elcorreo.com



Vocento