Los palestinos deberán votar el 31 de julio sobre un programa político insólito -elaborado por unos presos y asumido por el presidente Abbas- que, supuestamente, reunificará el frente interior y enviará una señal al mundo de que, aceptada la existencia de Israel, queda hacer justicia y crear un estado nacional para ellos en la parte de su tierra ocupada en 1967.
La extraordinaria decisión es, por ahora, el desenlace imprevisto al punto muerto y la crisis creada por la victoria de los islamistas del Hamás (Movimiento de la Resistencia Islámica) en las elecciones legislativas de enero pasado y la creación de un doble e insostenible poder: el presidente (Mahmud Abbas, de Al-Fatah, defensor de la negociación con un Israel aceptado jurídicamente) y el Gobierno (Ismail Hanniya) deudor de un programa que rehúsa el reconocimiento del Estado judío.
Hanniya, con todo, es más bien pragmático y su posición está dificultada por los 'duros' del Movimiento, encabezados en el exilio por Jalid Meshal, jefe de la oficina política del Hamás, que ha pedido más tiempo y una conferencia nacional fuera de los territorios ocupados (que él no puede pisar) para renegociar el proyecto, sin rechazarlo del todo.
Observadores perspicaces creen que el recurso a un referéndum (legalmente discutible) es una salida de oro para Hamás. Muchos islamistas preguntados hace tiempo sobre cómo abordarían la extendida opinión palestina sobre una negociación de igual a igual con Israel, dijeron que «darían la palabra al pueblo» lo que ahora hace Abbas.
Pero el presidente no es tan desinteresado. Con la milagrosa fórmula da un puente de plata a sus adversarios islamistas de hoy y recupera su autoridad no sólo, ni principalmente, frente a ellos, sino frente a Israel. Considerado casi tan 'irrelevante' como el Gobierno sionista definió en su día a Yassir Arafat, Abbas, con el referéndum ganado, podrá presentarse como un interlocutor insoslayable. Y entonces sucederá lo que él desea: Israel deberá decir abiertamente que no acepta el Estado palestino en las fronteras del 67, como prescriben las resoluciones de la ONU.