Dicen los que conocen la política catalana que sobre Esquerra Republicana de Catalunya empieza a sobrevolar la «maldición del 6». No es una profecía sobre el día de la bestia, pero este número se ha convertido en un símbolo para la formación republicana; una cifra nefasta que presagia polémicas y rupturas. En 1986, su histórico presidente, Heribert Barrera, aceptó a regañadientes ser sustituido por Joan Hortalá y en 1996, Ángel Colom y Pilar Rahola -por aquel entonces, líder e imagen televisiva respectivamente- tuvieron que dejar ERC tras ser derrotados por Josep Lluís Carod-Rovira y Joan Puigcercós. Llegó 2006 y la historia se repite. Expulsado del Gobierno catalán y convulsionado internamente por su postura en torno al Estatut, el partido afronta su crisis más grave de los últimos tiempos después de tocar el cielo electoral.
Eso fue hace tres años. Lograron 542.046 votos -el 16,42% de los sufragios emitidos- y 23 escaños en el Parlamento autonómico -11 más que en 1999-, convirtiéndose en la tercera fuerza política de la Cámara y en la clave para conformar Gobierno. Hay quienes sostienen que fue ese súbito crecimiento el que demostró la fragilidad de los cimientos de una formación histórica, pero que, según sus críticos, ha demostrado una «extrema bisoñez al tocar el poder».
Fundada en 1931, dirigió la Generalitat durante la II República. Sin embargo, esta posición se volatilizó con la llegada de la democracia. CiU y PSC se convirtieron en los referentes políticos y ERC quedó relegada a un segundo plano. Alejada del poder -aunque desde 1984 a 1987 entró en el Govern con Convergencia ocupando la Consejería de Industria- tocó fondo en los comicios de 1988, cuando apenas superó el 4% de los votos.
Dos años antes, el partido se había refundado. A la 'vieja' Esquerra se incorporaron jóvenes procedentes del movimiento independentista, de formaciones extraparlamentarias y de ámbitos cívicos como el movimiento de la 'Crida', una entidad que existió de 1981 a 1993 y cuyo objetivo fue la potenciación de la cultura en catalán. Una remesa de nuevos activistas en la que destacaban tres nombres: Ángel Colom, Josep Lluís Carod-Rovira y Joan Puigcercós. No tardaron en hacerse con el poder. Fue, precisamente, en 1988. Tras un congreso muy tenso, derrotan a la «vieja guardia» gracias a un golpe de última hora protagonizado por Carod: de madrugada, decide apoyar a Colom y a Puigcercós. Para quienes vivieron este cónclave, «aquello demostró que Carod va por libre; sin apenas respaldo en el partido, pero con mucha visibilidad».
Los tres se hacen con el control de la formación y establecen un reparto de funciones que será clave para entender los acontecimientos posteriores. Colom se convierte en el líder carismático, Carod sigue funcionando como una referencia para la opinión pública y Puigcercós se hace cargo del 'aparato', controla las juventudes, la organización e intenta crear un partido moderno sin olvidar su carácter asambleario.
El triunvirato dura poco. En 1996 estalla una nueva crisis, Colom y Rahola abandonan ERC tras no obtener el respaldo de la militancia. Carod y Puigcercós quedan solos al frente de la nave republicana. El primero será la 'cara' de la formación, el presidente; el segundo, de nuevo, prefiere centrarse en la estructura interna. Los resultados electorales acompañan. Si en 2003 duplican su representación, en las generales de 2004 alcanzan su techo: 649.999 votos. A finales de 2003 forman gobierno con el PSC e Iniciativa. Sin embargo, unos meses antes de que José Luis Rodríguez Zapatero llegue a La Moncloa, surge el que muchos consideran el primer distanciamiento serio entre los dos líderes: se hace pública la entrevista entre Carod y miembros de ETA.
Crisis de confianza
Según algunos analistas, este encuentro supone una «crisis de confianza». Puigcercós -que llega a definir la cita con la banda terrorista como una «temeridad»- ve peligrar el trabajo de los últimos meses, centrado en moderar el mensaje y convencer del pacto con los socialistas tanto en Cataluña como en Madrid a los más reacios de ERC, un sector que fortalece sus posiciones más extremas ante los ataques que sufre Carod.
El 'aparato' del partido y su presidente comienzan a transitar por caminos separados. Las diferencias llegan al Gobierno autónomo. Consejerías como Universidades o Educación quedan en manos de los afines a Carod; otras, como Bienestar Social, son para los seguidores de Puigcercós. Se dan situaciones kafkianas. Ante la necesidad de buscar un candidato para ocupar una secretaría de Política Lingüística, los dos sectores presentan sus alternativas. No hay acuerdo. Solución: se nombran dos cargos con rango muy similar.
Pero la tormenta definitiva estallará con el Estatut. Puigcercós, secretario general, el hombre de ERC en Madrid -es diputado en el Congreso-, el muñidor del acuerdo con el PSOE, ve como todo su proyecto se viene abajo al pactar Zapatero con CiU. «Queda en evidencia ante sus bases. Necesita alejarse y quedar como un hombre duro», afirma un analista catalán.
Los acontecimientos se suceden. Hace alrededor de tres meses, durante un encuentro mantenido por altos cargos de la formación, se acuerda ser «críticos» con el texto de reforma, pero no bloquearlo. A finales de abril, la dirección opta por el voto nulo en el referéndum. Pero ERC es un partido asambleario y las bases desoyen a su ejecutiva. Primero las juventudes y luego la militancia reunida en las asambleas territoriales logran que la cúpula del partido cambie de posición y se incline por el 'no'. «Todos están incómodos con esta negativa, pero la culpa no es de las bases, sino de la propia dirección, que no ha sabido hacer pedagogía. No se puede repetir de forma constante que es un mal proyecto, que no nos satisface y luego pedir un voto nulo», sostienen quienes conocen la situación interna de ERC.
Las tornas cambian. A primeros de mayo, la ejecutiva se reúne para adoptar una solución definitiva. Aunque la decisión de los simpatizantes no es vinculante, su peso es decisivo. Hay dos opciones: la preferida por Puigcercós -el 'no'- y la avalada por Carod, equiparar el voto negativo al nulo y al blanco. El secretario general, teórico dueño del 'aparato', teme, según algunos, ser superado por el lado más extremista por otros dirigentes de su partido. Sus temores no son infundados. El conseller de Gobernación, Joan Carretero -conocido por haber calificado a Zapatero como un «españolista demagogo»-, le advierte de que piensa liderar la corriente del 'no' si la dirección no lo hace. El 'moderado' Puigcercós coge la bandera de la radicalidad.
El rechazo explícito de ERC al Estatut provoca su salida del Gobierno y la convocatoria de elecciones anticipadas para otoño. La ruptura del tripartito -que pocos ven repetible- supone una convulsión interna; se empieza a cuestionar la estrategia seguida tanto en Madrid como en Cataluña. Desde ese momento, los dos sectores muestran sus cartas.
Rebelión
Comienzan las reuniones. A finales de mayo, los seguidores de Puigcercós se citan en una localidad del Bajo Llobregat para cuestionar el liderazgo de Carod y reclamar un congreso extraordinario de la formación. Tiene que ser el propio secretario general de ERC quien desactive la rebelión. Como respuesta, cerca de 70 cargos afines al presidente se reunieron el pasado viernes en un antiguo convento de Barcelona para mostrarle su respaldo. Carod, en un intento de apaciguar los ánimos, salió en defensa de Puigcercós y avaló su política en Madrid.
Una pequeña tregua a la espera del Estatut. Hay quienes en Cataluña consideran que los resultados del referéndum marcarán el futuro de la formación. Si el 'no' ronda entre el 23 y el 25 por ciento, las aguas se tranquilizarán algo; si el porcentaje es superior, sería un «éxito»; pero si es inferior, supondrá un «drama».
Mientras tanto, los rumores crecen a medida que pasan los días. Se habla de que el portavoz en el Parlament, Joan Ridao, podría convertirse en el nuevo rostro de ERC en Madrid y que Puigcercós pase a ser el 'número dos' de la lista electoral para los próximos comicios. Todo está en el aire. Sí se da por seguro que tras el referéndum ambos sectores se reunirán para limar asperezas y encontrar puntos de consenso. El sector de Carretero, minoritario, está a la espera. Se afirma que, a pesar de todas las polémicas, el liderazgo de Carod no está en peligro, que encabezará la candidatura de ERC en las elecciones de otoño y que, según las encuestas, los resultados no variarán demasiado respecto a los obtenidos en 2003. Pero, como afirmó el propio Puigcercós a mediados de mayo, «la dirección de ERC se juega el tipo en el referéndum».