La miran. Exploran su cuerpo con ojos curiosos. La tocan. Deslizan su mano por las curvas generosas. La escuchan. Atienden su rugido por fiero que parezca. Y cuando avanza, a más de uno le cuesta cerrar la boca... Aunque ya no sea una chiquilla y tenga más de cien años a sus espaldas, ella no sólo pasa: deja huella. Es la Harley Davidson, la moto por excelencia.
Y ayer tomó Bilbao. Se trataba del 'Harley Davidson Experience Tour', una iniciativa que busca que todo el mundo disfrute de este emblemático vehículo. Bien con los pies pegaditos al suelo, a través de una exposición, o bien con ellos sobre su tubo de escape. Y es que a lomos de una Harley, todo es distinto. Por eso, enlaCe, de la mano de Cheyenne Radikal Bikes, invitó a cuatro lectores a tomar los mandos de una... Y abrir gas.
MARI PAZ BAYÓN
38 años
Puro nervio
«Bueno... Yo necesito piloto», murmuraba un poco cohibida Mari Paz Bayón nada más ver los vehículos. Alguno, como uno rojo de estilo retro que se exponía al fondo, costaba «unos 30.000 euros», según Emilio Valcárcel, uno de los organizadores. «Nunca he montado en una», confesaba esta enfermera de 38 años. Su primera experiencia fue «hace casi veinte años y ¿con una Vespino!», se reía al contarlo. Al parecer, no consiguió dar más de dos vueltas sobre sí misma. Esta vez, en cambio, llegó «hasta Asua». «¿¿Es una pasada!! Desde una Harley hasta lo feo es bonito».
JAVIER MANZANARES
40 años
El gusanillo
Las Harley son auténticas joyas que no están al alcance de cualquiera. «Se dice que son para inconformistas, pero tienes que tener cierto nivel para comprártelas», protestaba Javier Manzanares, a punto de arrancar. El modelo más básico puede salir por unos 8.500 euros, según el concesionario que la marca tiene en Guipúzcoa. Y, desde luego, están muy lejos de las que ayer se exponían. Y de la que condujo este informático de 40 años. «Me gusta mucho este mundo, aunque sólo tengo carné desde hace seis años», confesaba humilde. Poco tiempo, pero muy bien aprovechado. «Tengo una 'scooter' y la uso a diario», reconocía. «Las Harley son un símbolo, pero no para el día a día... Son lentas, ideales para dar paseos, pero ¿imagínate en un atasco!», bromeaba. Aún así, se bajó encantado: «Me fascina su manera de frenar y de acelerar. ¿Es totalmente diferente!»
IKER BERRETEAGA
31 años
Como Wyatt
«¿Vaya! No son nada cómodas. Vas con los pies un poco arriba», afirmaba Iker Berreteaga al acabar su paseo. Es lo que tiene subirse en una 'chopper', un tipo de moto que nació después de la Segunda Guerra Mundial. En aquella época, el Ejército americano era el mejor cliente de la marca y un grupo de soldados retirados comenzaron a manipular sus motos. Cortaron los guardabarros, alargaron las horquillas y elevaron el manillar y los reposapiés. Nacía una figura alegórica: la del motero semitumbado sobre la máquina. Como Wyatt (Peter Fonda) en 'Easy Reader'. «Es una experiencia inolvidable y reconozco que no me ha costado hacerme con los mandos...», explicaba Iker. Él tiene una 'Yamaha 600' que usa cuando puede: «Si sabes llevar la mía, puedes llevar ésta», afirmó con contundencia.
JOSÉ ROBERTO BILBAO
40 años
Cumpleaños total
La culpa de que ayer José Roberto Bilbao celebrara su cumpleaños en la capital vizcaína fue de su suegra. Ella quería que su yerno celebrara sus cuarenta redondos de una forma diferente. Y lo consiguió. Fue un aniversario motero por partida doble. El viernes, su mujer, Cristina, le regaló una Yamaha de 250 cc. Y el sábado la estrenó para montarse en una Harley. «Son una pasada. A mí me gustan desde siempre, lo que pasa es que no son un vehículo muy familiar», reconocía. «Como mucho, te puedes llevar a tu pareja pero... ¿qué haces con los niños?», se preguntaba. Y es que tiene dos soles como hijos: Aida y Jagoba. «El pequeño es un terremoto, si hubiera venido... ¿Alucinaría!», confesaba la madre, a la que también le gustan las motos, pero «de paquete». En este caso, tanto ella como su marido tuvieron que posponer la cita hasta el verano, cuando visiten Tolosa con Emilio Valcárcel. Si un ciclista no es nadie sin su bici, un motero no es nadie sin sus botas. Y José Roberto se vino en chanclas. Para los 41, Cristina ya le avisaba: «Te regalo las botas, cariño».