Por honradez creativa «y también personal», José Luis Cuerda se mueve en el mundo de los sentimientos «con dignidad, sin caer en el sentimentalismo. En todas mis películas he podido cargar las tintas, pero no lo he hecho», subraya el director, guionista y productor manchego en la presentación de su nuevo largometraje, 'La educación de las hadas'.
El argentino Ricardo Darín, la francesa Irene Jacob y el niño Víctor Valdivia debutan en el cine español con esta fábula basada en la novela homónima de Didier van Cauwelaert con la que el realizador de 'La lengua de las mariposas', 'El bosque animado' y 'Amanece que no es poco' regresa a la dirección tras siete años de ausencia. Esta vez aceptó el encargo de trasladar a imágenes la historia de un inventor de juguetes que se enamora de una viuda y del hijo de ésta. La pareja se casa y se instala en una masía cerca de Barcelona donde viven felices hasta que un día ella decide separarse sin razón aparente.
'La educación de las hadas', que el próximo 23 de junio se estrenará en doscientas pantallas, sufrió un retraso en su filmación porque Cuerda necesitaba de la naturaleza para hablar de un hombre que cree en las bienhechoras fantasías de hadas muy terrenales y las siembra en la mente de su hijo. «Es que el bosque tenía que tener un aspecto determinado para la fabulación. Además, tuvimos que esperar a que Irene Jacob diera a luz, que Bebe se saliera de sus casillas musicales para demostrar lo buena actriz que yo intuía que era, y que Víctor existiera», relata Cuerda, que trabajó mano a mano con el autor de la historia.
El que fue el descubridor del hoy famosísimo Alejandro Amenábar se decantó por un reparto internacional, del que destaca que, además de «excelentes actores, son excelentes personas. Así, a la cantante extremeña Bebe la escogió «de oídas» para meterla en la piel de una hada de nacionalidad argelina, y a Darín «porque trabajar con él es un proceso profesional, físico y creativo. Te dice lo que piensa del personaje, cómo quiere hacerlo, te comenta las secuencias...», explica Cuerda.
«En la película se habla de la necesidad que tienen los seres humanos de los otros, de cómo satisfacemos esto y si lo hacemos de la manera adecuada», explica este «cartesiano-agnóstico» que siempre se mueve en mundos de fantasías.