El compositor húngaro de nacionalidad austriaca György Ligeti, uno de los últimos representantes de la vanguardia musical europea, falleció ayer en Viena a los 83 años. Ligeti, cuya salud estaba muy deteriorada ya hace años, deja una obra densa y muy apreciada por los estudiosos de la música contemporánea, aunque poco conocida por el público que asiste habitualmente a las salas de conciertos.
Ligeti se pasó la primera parte de su vida resistiendo y huyendo. Resistió el paso por Auschwitz, adonde fue enviado por los nazis junto a toda su familia, por ser judíos. De poco le sirvió perder a los suyos en el campo de concentración y ser símbolo de la supervivencia en su país. En 1956, y a causa de la oleada de represión desatada por los soviéticos en Hungría, huyó al otro lado del telón de acero.
Instalado en Viena, Ligeti se convirtió de pronto en el músico más conocido de su generación gracias a Stanley Kubrick, quien incluyó fragmentos de tres de sus obras ('Réquiem', 'Lux Aeterna' y 'Atmospheres') en el filme '2001, una odisea del espacio'. Desde entonces, escribió obras con clara influencia de Bartók y Stravinski, pero también del folclore sudamericano y el jazz. En muchas de ellas hizo uso de lo que llamaba 'polifonía saturada', técnica que llevó hasta sus últimas consecuencias en 'Atmospheres', en la que los 89 miembros de la orquesta tocan en todo momento notas diferentes.
Encerrado en su casa de Hamburgo primero y en Viena más tarde, Ligeti ha vivido sus últimos años componiendo de forma esporádica y tratando de reafirmar su espacio entre el «oropel de los conciertos y las óperas» y la «música electrónica de consumo», según decía él mismo.