Sesenta partidos seguidos ganados en tierra batida y no se vislumbra en el horizonte próximo a ningún jugador que pueda hacer sombra a Rafael Nadal en esta superficie. Nadie se acerca ni de lejos a las virtudes que le convierten en invencible. Es una máquina perfecta: una mente diez en un cuerpo diez.
LA CABEZA
Su concentración marca la diferencia
Emilio Sánchez Vicario, ex jugador, entrenador y capitán de la Copa Davis, lo tiene claro: «Lo que marca diferencias es su concentración. Toda su fuerza se sitúa en su cabeza. Jamás se rinde. Siempre encuentra un motivo para seguir en la batalla. Y encima, todo lo positiviza». Alex Corretja, finalista de Roland Garros en 1998 y 2001, incide en este aspecto: «Cuando yo llevaba diez o doce partidos ganados de forma consecutiva, estaba muerto. No tanto física como mentalmente. Necesitaba parar, desconectar. Rafa, no. Nunca quiere descansar, siempre quiere más. Tiene una ambición sin límites».
LA INTIMIDACIÓN
Sus gestos dejan claro quien manda
Su actitud en la pista siempre es exquisitamente correcta y, sin embargo, todos sus gestos, consciente o inconscientemente, dejan claro que el que manda es él. Cierra el calentamiento con unos sprints salvajes de un lado a otro de la cancha. Siempre obliga a su rival a esperarle para empezar el partido. Nunca elige el saque en el sorteo cuando lo normal es asegurarse el servicio. Imprime desde el primer segundo un ritmo endiablado. «Muchos partidos ya los empieza ganando en el primer juego, que suele abrir con un 'break'. No son pocos los que se rinden ahí. Frente a él los rivales no disputan un partido de tenis, tienen la sensación de ir a la guerra» sentencia Javier Duarte, director técnico de la Federación Española.
EL FÍSICO
Las mejores piernas del circuito
Lo dijo Mathieu al salir derrotado tras casi cinco horas de partido: «No ha nacido todavía el tenista que pueda ganar a Nadal corriendo en una pista». Lo subraya Arantxa Sánchez Vicario, una campeona que labró su fama a golpe de garra: «No he visto unas piernas como las de Rafa en la vida. Hay que estar muy de forma, pero también hay que haber nacido con ese don».
Su recuperador, Juanan Martorell, es el que mejor conoce el misterio de esos músculos privilegiados: «Morfológicamente no es un chaval de 20 años recién cumplidos. Es un adulto. Lo que marca las diferencias con el resto de los jugadores es su coeficiente velocidad-reacción».
SU JUEGO
La defensa más ofensiva del mundo
Ha reinventado el tenis sobre tierra. No existe, aunque parezca una contradicción un juego defensivo -su gran fuerza-, más ofensivo que el suyo. Nadie ocupa más pista que él. Nadie llega donde él ni a su velocidad. Nadie salva lo que él salva. Y nadie fabrica golpes ganadores con sus «passings» en situaciones tan adversas.
Corretja lo ha analizado con lupa y ha llegado a una interesante conclusión: «En el lado del revés, defiende con un fuerte apoyo de la pierna derecha, y no de la izquierda como lo hacen casi todos los zurdos. Lo consigue porque posee unos cuádriceps de acero y puede aguantar el desgaste. Es decir que lo defiende como un diestro que pegara un 'drive', y así puede volver inmediatamente al centro del terreno y gana un tiempo enorme». Además, su coordinación ojo-mano resulta alucinante. Ve la bola muy pronto, antes que todos. Eso le permite anticiparse.
EL PESO DE SUS BOLAS
Destroza el revés de sus rivales
La derecha es el arma más terrible de Nadal. Es perfecta para la tierra. Pone en acción bolas pesadísimas, que botan muy alto y que llevan un efecto diabólico. Con ellas anula el revés de casi todos su rivales. Alex la conoce bien: «Si esperas a que bote estás muerto, porque tienes que ir reculando y, si intentas cortar la trayectoria, te la juegas porque sólo se consigue con un gran derroche físico que acaba pasando factura».