No se conoce una flor que no desprenda belleza, olor, delicadeza Pero sí existe una que, además, transmite amor, cariño, ternura ; que trasciende del estadio de los sentidos al de los sentimientos. Quien la haya regalado o recibido alguna vez sabrá cuál es, pero, por si acaso, lo aclaro: la rosa. Quizá por ello, Rosa González se llama así. La conocéis porque me referí a ella aquí mismo hace un par de meses para contar que se ha comprado un cuaderno para participar en enlaCe.
Hoy deseo darle las gracias y la enhorabuena. Enhorabuena porque acaba de ser abuela y gracias porque, al poco de recibir tan meritorio título, me llamó, como quien lo hace a un pariente, para compartir conmigo su alegría.
Me contaste que le guardas EL CORREO del día que nació y tus colaboraciones en enlaCe para enseñárselas cuando crezca. También tendrás que mostrarle la autobiografía que has escrito y que, según tú, no llega ni al aprobado ortográfico. Pero la humanidad y sensibilidad que desprende son la prueba de por qué te llamas Rosa. Gracias por regalarme tu libro con el cariño y la sinceridad de quien regala una rosa.