Llega la temporada estival y con ella las comedias intrascendentes en las que no puede faltar la comedia romántica de turno. Y a ésto es a lo que se ha dedicado siempre el tibio realizador Donald Petrie que siempre ha contado con actores de fama para realizar cine de entretenimiento olvidable a la salida de la sala ('Miss agente especial' y 'Cómo perder a un chico en 10 días').
La que ahora nos llega es de las que juega con un toque mágico para crear un punto de partida divertido que sirva de nacimiento del amor, en este caso, mediante la recuperación de la suerte perdida. Un beso y un cruce de estrellas fugaces harán que la suerte de ella pase a él, quedando así unidos por este mágico destino. Una tontería como otra cualquiera que, bien utilizada y desarrollada, puede dar juego.
El rendimiento que Petrie consigue es limitado. Tampoco el guión, obra de una de las creadoras de 'Sexo en Nueva York', es que dé para mucho. Se limita a mostrarnos todo un catálogo de patosidades, desastres, tropezones y porrazos, cuando la suerte no está de parte de uno u otro y, por el contrario, las bendiciones de quien la posee, mediante todo tipo de logros imposibles en una ciudad como Nueva York. Este continuo desfilar de situaciones divierte en un principio, pero la repetición de lo mismo durante todo el argumento termina por cansar. Lógicamente, este intercambio de fortuna llevará a la renuncia por el bien del amor y, hasta entonces, lo único que se consigue es un mediocre entretenimiento que da la sensación de algo ya visto.