Después de sentir en Málaga que como en casa en ningún sitio, volvíamos a la nuestra con alergia al naranja y pensando en darle a Santiago en el carrillo con una victoria. Piques -no confundir con Piqué-, declaraciones con tonos, solitonos y politonos nada amorosas y más previos de karate que de baloncesto.
Primera singladura
Nuestro amparo del Buesa, hasta la vela mayor, y con una presentación que fue 'pa vela'. El pabellón parecía el Cabo de Hornos por la temperatura. Al inicio, los triples de uno y otro llegaron a buen puerto. Santiago sacaba del barco a Splitter, Garbajosa era la brújula exterior y el juego de los andaluces, un cuaderno de bitácora. Nuestros marinos, a tirones y su juego, con muchas vías de agua. Los 'dos contra uno' a Scola nos hacían un nudo y la carabela baskonista más parecía una calavera. Pero apareció Vidal como una ola y el cáracter de siempre nos hizo ser supervivientes para irnos a flote al descanso.
Segunda singladura
El Baskonia, de salida, un transatlántico con nuestro juego a toda máquina y el Unicaja, varado sin ver puerto. Vidal, el faro vitoriano, y los 'dos contra uno' al interior cajista echaban el ancla a los andaluces. Para el Unicaja, 'La Niña' tenía muy mala 'Pinta' y en el último cuarto se encomendó a 'Santamaría'. La zona de Scariolo y el ciclón Garbajosa acabaron encallando a un TAU que finalizó con la embarcación hundida.
Amarre final
Un Unicaja con más profundidad de banco, más rodado y más sano nos dejó hundidos, ayudado por una zona y un tal Jorge que se convirtió en 'Garbajoya', como dice mi amigo Paco.