El Correo Digital
Jueves, 22 de junio de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES


ECONOMÍA
ECONOMÍA
Abono para la postguerra
Sefanitro comenzó a producir en 1950 para atender una actividad calificada de «interés nacional» por el Gobierno de Franco
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

La España de la postguerra civil buscaba soluciones a los enormes problemas económicos del país y, de forma más perentoria, a la escasez de alimentos y a un subdesarrollo tecnológico que afectaba incluso al sector primario. Al principio de la década de los 40, la utilización de abonos nitrogenados -una de cuyas características es que permiten aumentar de forma notable las cosechas- era realmente escasa en la agricultura. Peor aún: el poco que se utilizaba era de importación en un 95%, pagado a precio de oro y en un mercado europeo que barruntaba ya enormes dificultades a las puertas de una contienda bélica.

Así las cosas, el Gobierno de Franco decidió calificar la producción de este tipo de abonos como una «actividad de interés nacional», lo que permitía solucionar algunos problemas burocráticos importantes a los empresarios que se animasen a invertir en este sector. En una economía autárquica como la española de aquella época, contar con una licencia de importación de maquinaria era tanto como obtener un premio gordo en la lotería.

En 1941, los bancos Bilbao, Vizcaya, Urquijo y Altos Hornos de Vizcaya decidieron constituir la Sociedad Española de Fabricaciones Nitrogenadas (Sefanitro) para dar respuesta al interés 'oficial' de desarrollar el suministro de abonos químicos nacionales. La presencia de AHV tenía lógica -fue la auténtica impulsora de la operación-, ya que en la producción se iba a utilizar un gas procedente de sus baterías de 'cock'. La propia siderúrgica aportó los terrenos para ubicar la fábrica, que entonces eran propiedad de su filial Luchana Mining, localizados en el barrio baracaldés del mismo nombre y que habían servido como zona logística de movimiento del mineral de hierro que llegaba hasta una cercana terminal ferroviaria. Un gaseoducto de varios kilómetros conduciría el gas desde los hornos de Sestao hasta la fábrica, ahora integrada en el grupo Fertiberia y que cesó ayer su producción.

Maquinaria perdida

La aventura no pudo comenzar peor porque cuando los inversores ya habían comprado la maquinaria en Alemania, ésta se 'perdió', literalmente, en el barullo de la Segunda Guerra Mundial. Buena parte de los equipos no apareció jamás y los empresarios se vieron en la obligación de buscar alternativas en Estados Unidos. ¿Resultado? Franco no pudo inaugurar las instalaciones de Sefanitro hasta septiembre de 1950.

A partir de ahí, la compañía, que llegó a tener algo más de 1.000 trabajadores en su época de esplendor, frente a los 117 actuales, registró un desarrollo aceptable, aunque siempre sometido a permanentes 'sustos' en el aprovisionamiento de sus dos materias primas fundamentales: el ácido sulfúrico y el amoniaco. Fue precisamente en 1974 cuando la empresa inició su declive, después de que una multitudinaria oposición popular le impidiese construir una planta dedicada a la producción de amoniaco.

Más tarde pasó a estar controlada por el Estado cuando su principal accionista, AHV, también fue absorbido por el INI víctima de la crisis industrial. A finales de 1996, el Gobierno del PP privatizó el 56,6% de las acciones de Sefanitro que estaban en manos públicas y se decantó por la oferta presentada por el grupo Fertiberia, frente a la que encabezaban un grupo de accionistas minoritarios.



Vocento