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TAU CERÁMICA
El Baskonia se despide del título de Liga en un bronco final
El TAU desperdicia la ocasión de estirar la final al quedarse sin encestar los tres últimos minutos
El Baskonia se despide del título de Liga en un bronco final
ENÉRGICO. David machaca con furia entre Marcus Brown y Nicevic. / IGOR AIZPURU
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La llama de la esperanza se extinguió en el peor momento. Cuando parecía que el TAU Cerámica estiraría la final un capítulo más. Ahí, en un remedo de lo ocurrido hace doce meses aunque no tan dramático, se extinguió la capacidad de soñar. Sólo que en esta ocasión, los cuarenta segundos de fatídico recuerdo contra el Real Madrid se alargaron hasta casi los tres minutos. Demasiado.

Durante ese eterno periodo, el conjunto vitoriano permaneció amordazado. Incapaz de añadir un punto más a su necesitado casillero. Con el agravante de que era la fase más determinante. Mientras que el nuevo campeón, el Unicaja Málaga, sumó nueve piedras a su ábaco. De 72-67 a 72-76. Suficiente para sellar el título de la ACB, el primero de su currículo. Esos malditos 177 segundos de afonía azulgrana empañaron todo el trabajo anterior. Solaparon su heroica demostración de corazón, fe, entrega y baloncesto. ¿Qué lástima!

Como lástima, o quiza vergüenza ajena, produjeron los malos modos de Sergio Scariolo, otrora totem baskonista. Con el encuentro decidido -el electrónico reflejaba un definitorio 72-76 a cinco segundos y dos décimas del pitido final-, el italiano de exquisito porte tuvo un inelegante proceder al gastar su último tiempo muerto. Incomprensible.

Esa falta absoluta de señorío - y de respeto ¿por qué no decirlo?- sacó de sus casillas a Prigioni, que debió ser placado por el delegado baskonista, Félix Fernández, para impedir que alcanzara la 'reunión' cajista. También Scola le 'regaló' un rapapolvo verbal al preparador visitante. Incluso el público del Fernando Buesa Arena -habitualmente correcto en las formas- lanzó una lluvia de objetos, algo inédito por estos lares.

Ese bronco epílogo eclipsó los anteriores cuarenta minutos, en los que se desplegó un juego intenso por ambos bandos. Porque de nuevo se movieron por el rectángulo dos auténticos equipazos. Uno, baqueteado por las lesiones pero pleno de garra. Y el otro, talentoso a más no poder y con un juego tan sistematizado como seductor. ¿Qué pena que su timonel metiera la pata hasta el fondo a la hora de saberse ganador!

Bravo como pocos

A pesar de que casi todos los factores señalaban al Unicaja, el TAU soñó -e hizo soñar- con alargar la serie. Con aplazar lo inevitable. Y eso que Erdogan fue un espectador más. O que Prigioni, ayer titular por primera vez desde los cuartos de final, hizo olvidar que un traicionero virus aún vaga por su cuerpo.

A todo ello se repuso el Baskonia. Aunque le costó. Los primeros quince minutos, desarrollados a un ritmo vibrante, correspondieron a los andaluces. Con una defensa mecanizada ahogaron al rival. Adelante movían el balón con precisión meridiana. Y cuando los huecos escaseaban siempre se las componían para generar un aclarado -un 'uno contra uno'- que solía acabar en canasta. 32-40, minuto 15.

El TAU, bravo como pocos, tiró de riñones en esa fase incierta. Aguantó como pudo. Y lo mejor de todo es que, en el sprint final hacia el intermedio y coincidiendo con el reingreso de Prigioni, acertó a equilibrar fuerzas (44-44).

De hecho, en esos tres minutos finales del segundo cuarto, el Unicaja no anotó ni un mísero tiro. Su mala racha se alargó en el siguiente periodo. En total transcurrieron siete minutos entre un acierto y otro. En medio, quince puñaladas azulgranas. ¿La consecuencia? 52-44 en el marcador y un bullicio ensordecedor en el graderío. En el minuto 30, la diferencia incluso subió a los once puntos (65-54).

El Unicaja no se rindió. Scariolo tiró de su voluminoso libreto. Probó con dos bases, reclamó al dúo Garbajosa-Santiago y recurrió a una defensa zonal. Esa última solución, unida a los problemas de faltas de jugadores como Scola o Hansen, estrujaron al bólido azulgrana. La puntilla llegó a un minuto de la conclusión cuando ambos abandonaron de forma consecutiva la pista al cometer la quinta personal.

72-69 en el electrónico. David perdió un balón. Garbajosa hizo un triple. El húngaro recibió una falta no pitada, mientras que Garbajosa atinó desde los tiros libres. El sueño había acabado tras tres minutos sin anotar. Y entonces llegó el irrespetuoso tiempo muerto. Bronca para acabar.



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