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Las obras de las rampas en Vitoria se reanudan con gran tensión y vigilancia policial
Una decena de jóvenes se colocó ante las excavadoras para frenar los trabajos, pero fueron desalojados
Las obras de las rampas en Vitoria se reanudan con gran tensión y vigilancia policial
A LA FUERZA. Los jóvenes que invadieron la zona de obras tuvieron que ser desalojados por la Policía Municipal. / FOTOS: IGOR AIZPURU
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El cantón de San Francisco Javier fue ayer el epicentro de una tormenta de protestas, enfrentamientos y máxima tensión. A las ocho de la mañana se reanudaban, después de día y medio de parón, las obras de construcción de las rampas mecánicas del Casco Viejo y, aunque la jornada amaneció en aparente calma, el clima de crispación no tardó en hacerse presente. Apenas una hora después de que los operarios tomaran posiciones en la arteria que comunica la calle Francia con el palacio Montehermoso, una decena de jóvenes contrarios a la instalación de los tapices rodantes en el barrio se personó en el lugar para impedir que las máquinas pudieran hacer su trabajo.

Para entonces, varias patrullas de la Policía Municipal velaban ya por la seguridad en la zona. Su presencia, en cambio, no logró intimidar a los jóvenes que, a las diez y media de la mañana, saltaron las vallas de protección del primer tramo del cantón y se colocaron junto a la excavadora que lo taladraba. La respuesta de la Guardia Urbana no se hizo esperar: desalojó de inmediato y a la fuerza a los manifestantes para que las máquinas pu-dieran proseguir con su trabajo.

Tras ello, la tensión se hizo máxima y, a medida que las palas mecánicas picaban el pavimento, el pulso entre los agentes y los jóvenes se recrudeció. Ni los manifestantes estaban dispuestos a cejar en su actitud, ni los agentes a permitir más coacciones a los trabajadores. ¿El resultado? Tres nuevas ocupaciones del cantón, a las que siguieron otros tantos desalojos.

Más de 20 agentes

A mediodía, la crispación tocó techo. Más de veinte agentes de la Policía Local custodiaban a esa hora la zona para evitar que los jóvenes -que sumaban ya la treintena- accedieran a la zona restringida. El forcejeo fue inevitable y, a pesar de los gritos a favor de «un Casco Viejo vivo», de los insultos y de más de un encontronazo físico, la sangre no llegó al río. Minutos después, y levantada ya por completo la calle, las excavadoras abandonaron el lugar bajo una sonora pitada, a la que siguió una cacerolada que se prolongó durante más de dos horas. La protesta se repitió por la tarde.

Las coacciones, cuyo cese exigió ayer la Federación de Construcción de CC OO, no han logrado, en cambio, paralizar las obras, que prosiguen hoy con nuevos trabajos de excavación y desvío de canalizaciones.



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