Excluidos, sin techo, indomiciliados, pobres, indigentes, vagabundos, carrileros, no hay un acuerdo sobre cómo llamar a estas personas sin hogar que viven al margen de la dinámica social. Pero es una realidad muy visible en plazas y jardines. Aunque es difícil cuantificar datos sobre ellos, los educadores de calle del Ayuntamiento de Vitoria, un equipo de profesionales que se dedica a su atención y a su integración social, calculan en sus informes que son hasta 20 los indigentes que por una circunstancia u otra duermen bajo las estrellas todos los días.