Los ciclistas no sólo esquivan coches, sino que también deben librar la habilidad de los cacos. La Policía Municipal de Vitoria está inmersa en una campaña de vigilancia para evitar los robos de bicicletas, después de detectar que en los primeros cinco meses del año se han producido 115 hurtos. Si la progresión del fenómeno continúa, en 2006 se superarán las 262 desapariciones registradas durante todo 2005.
La labor de vigilancia la realizan los llamados 'bicipolis', un equipo de seis agentes que se desplaza a pedales por toda la ciudad.
Los uniformados, que salieron a la calle el 1 de junio, prestan una atención especial a las piscinas de Mendizorroza y Gamarra y a los centros cívicos, unos complejos donde se acumulan cientos de bicicletas candadas, algunas de las cuales se convierten en auténticas tentaciones para los ladrones.
Este tipo de delitos son «muy complejos de atajar», explica el oficial de gestión de la Policía Local, José Antonio Ferreiro. La razón estriba en que «es fácil robar uno de estos vehículos; basta con romper un candado y salir disparado».
Las bicis favoritas por los cacos son las más equipadas, cuyo coste de mercado supera los 400 euros. Por eso, Ferreiro cree que sería «muy positivo» que el Ayuntamiento ofreciera la posibilidad de matricular estos vehículos, algo que el Gabinete Alonso está estudiando.