Yaron Herman (Tel Aviv, 1981) se ha convertido en un caso único hasta ahora en la historia de la música. Comenzó a estudiar piano bien entrada la adolescencia y en menos de siete años logró convertirse en un artista aclamado por los críticos más exigentes, grabó un álbum con el percusionista Sylvain Ghio, recibió varios premios y obtuvo el reconocomiento de sus compañeros de profesión. También desarrolló una teoría de música e improvisación llamada 'Real Time Composition', que le ha llevado a dictar una serie de conferencias en universidades tan prestigiosas como la Sorbona, en París. Ahora, a punto de cumplir 25 años, cuenta ya con su primer disco en solitario -'Variations. Piano Solo'-, realiza giras por varios continentes y rechaza la etiqueta de «joven prodigio del jazz» que algunos le han colocado. «No me considero un prodigio, simplemente toco el piano lo mejor que puedo», comentaba ayer a EL COOREO pocas horas antes del primero de los dos conciertos que ofreció anoche en el Artium.
Las dos actuaciones, enmarcadas en el ciclo Art+Sound, sirvieron como prólogo a la trigésima edición del Festival de Jazz de Vitoria, cuyo director, Iñaki Añúa, se declaró deslumbrado por el talento de Herman.
«Los buenos»
El pianista se mostró «encantado» de tocar en Vitoria. Y no sólo por el placer de brindar al público «mucha, mucha improvisación» y algunos temas de su reciente álbum, que contiene originalísimas variaciones de 'standards' como 'Summertime' o el 'Fragile' de Sting, temas compuestos por él y canciones tradicionales israelíes. Gran aficionado al baloncesto, confesaba ayer que esta ciudad forma parte de su imaginario «desde hace años por el TAU, un magnífico rival de mi equipo, el Maccabi» de Tel Aviv.
Alumno de Opher Brayer, famoso por su metodología de enseñanza del piano basada en la filosofía, las matemáticas y la psicología, Yaron Herman ha analizado con brillantez a algunos de sus maestros, como Bach, Keith Jarret o John Coltrane, pero sí se le pregunta por sus músicos favoritos responde como Duke Ellington: «los buenos». «No podría citar ningún nombre. Me gusta la buena música, sea clásica, jazz o lo que sea», agregaba con naturalidad.
Herman lamentaba ayer no poderse quedar al Festival de Vitoria. «Tengo que volver a París pero espero volver algún día a tocar allí. Ojalá sea así», se despidió.