Forma parte de una de las familias con más historia musical de la ciudad de Nueva Orleans. Nieto de John 'Picket' Brunious y sobrino de Wendell y John Brunious Jr., Mark Braud mantiene viva -y en buena forma- una de las sagas de trompetistas con más solera. Compañero de estudios de otro grande, Nicholas Payton, el músico es también pariente de quien fuera bajista de Ellington, Wellman Braud. Las campas de Armentia volverán a ser testigo de cómo toda esa música fluye de manera casi natural a través de su instrumento, junto a otros grandes del género.
-Tocó aquí hace ahora tres años. ¿Qué sensación le queda de aquel concierto?
-El concierto estuvo muy bien, con una gran respuesta por parte del público. Y los asistentes eran muy entusiastas con respecto a la música. Hubo grandes bandas.
-Desde entonces, algunas circunstancias han cambiado, tanto para los músicos como para los vecinos de su ciudad. ¿Cómo está ahora mismo la escena musical en Nueva Orleans?
-Ahora ni siquiera está cerca de cómo solía ser. Tampoco a nivel de trabajo. Hay pocos clubes abiertos y menos posibilidades para los músicos, aunque últimamente se celebran más convenciones en la ciudad. En cualquier caso, la situación es mucho mejor que hace unos pocos meses. Pero tampoco es demasiado buena ahora mismo.
-¿Qué ha sido de lugares tan tradicionales como el Preservation Hall, por ejemplo?
-Bueno, no funciona como lo hacía habitualmente. No abre tan a menudo, tal vez los fines de semana. Desde el huracán sólo he tocado allí un sábado. El Palm Court Café está abierto, como otros lugares donde trabajan muchos músicos, pero las cosas no funcionan igual que antes. Hay lugares que han abierto fuera del Barrio Francés y hay bastantes músicos que trabajan ahí.
Cuestión de sentimiento
-Para usted, que proviene de una saga de músicos, ¿qué importancia tiene la tradición?
-Bueno, mantener la tradición es muy importante para mí. Que esta música siga viva es especialmente importante para alguien que, como yo, proviene de una saga familiar, ya que ellos han sido mi inspiración a la hora de tocar. Las grabaciones de mi abuelo fueron decisivas para que yo tocara jazz. Y, además, esta tradición es muy fuerte en Nueva Orleans, donde muchos músicos pertenecen a la segunda, tercera o incluso cuarta generación de intérpretes. Hay tanto de nuestra cultura en la música que me pregunto cómo podría vivir sin ella. Me siento orgulloso de provenir de ahí y tener esta herencia.
-Hablando de esto mismo, ¿le influyó al elegir la trompeta como su instrumento?
-Oh, sí. Mi abuelo era trompetista y tres tíos míos también lo son. Mi abuelo materno tuvo ocho hijos y les enseñó a tocar la trompeta. Tres de ellos aún lo hacen, profesionalmente, y uno está al frente de la Preservation Hall ahora mismo. Cuando era adolescente, quería aprender a tocar el saxo alto. Y mi abuelo me dio una corneta. Como he escuchado tanta trompeta, toda la vida, tengo una cierta querencia natural hacia el instrumento. Supongo que fue una muy buena elección, porque no creo que me hubiera ido igual de bien con el alto
-¿Cree que es posible tocar hoy, con todo el desarrollo del jazz que usted ha estudiado, la música de Nueva Orleans tal y como era?
-Creo que la música de Nueva Orleans es más una cuestión de sentimiento, de cómo acentúas los ritmos y de improvisación colectiva. Pero no creo que deba sonar como en los años veinte. Si Louis Armstrong hubiera intentado sonar como King Oliver, la música nunca hubiera evolucionado. No creo que este estilo deba estar en una caja, sino que se le ha de permitir crecer, como otras músicas contemporáneas, con su espíritu y elementos característicos. Y puedes permitir influencias de otros campos, porque es lo que ha hecho que a lo largo de décadas surjan todos los estilos del jazz.
-En su banda hay grandes músicos, como Lucien Barbarin, Waltar Payton o Steve Pistorius, a quienes conoce desde hace mucho. Aparte de complicidades musicales, ¿son ustedes amigos?
-Sí, somos amigos. Walter Payton no viene, porque tiene otros compromisos, pero viene otro gran bajista, Richard Moten. A Walter le conozco desde hace mucho, porque es el padre de Nicholas Payton, amigo mío desde el instituto, y también un gran trompetista. Y Lucien y yo somos buenos amigos. En la carretera no sólo es importante tener buenos músicos, sino tíos con quienes te lleves bien, interactúes bien y no discutas. Porque esto se traduce en el escenario y te permite hacer buena música y disfrutar.
-Compartirá escenario con otro jazzman a quien conoce bien, Michael White. ¿Harán algo juntos?
-Bueno, la última vez que tocamos en Vitoria vino a improvisar con nosotros, así que probablemente suceda lo mismo, sí.
-Toca en la big band de Harry Connick Jr. desde hace años. ¿Se siente un músico diferente en ese contexto?
-Sí, porque generalmente lees partituras. Pero no hay mucho trabajo de big bands en Nueva Orleans, así que me resulta muy interesante, porque mejoro mi capacidad de lectura y es algo que te mantiene. También hacemos mucho material de mi ciudad, en un contexto distinto.