Apenas doce horas después de abandonar de madrugada Ibaigane como ya ex entrenador del Athletic, Javier Clemente retornó a la sede del club rojiblanco para exponer sus razones en torno a su precipitada e inesperada salida del banquillo. Por segunda vez en tan escaso margen de tiempo, el de Barakaldo subió las escaleras del palacete, en esta ocasión para poner punto y final a su tercera etapa al frente del Athletic, que ha durado poco más de ocho meses.
Como sucedió en su tumultuosa llegada del jueves, la expectación era máxima desde media hora antes de su aparición. Medio centenar de periodistas y una docena de aficionados esperaban en los jardines de la Alameda de Mazarredo a que Clemente hiciera su aparición, cosa que sucedió con puntualidad exquisita: las doce del mediodía. De nuevo lo hizo acompañado de su representante Miguel Santos, aunque esta vez optó por llegar en un lujoso Porsche Cayenne negro, en lugar del Lexus azul del día anterior. Tras superar la nube de cámaras que le rodearon y entre algunos gritos de ánimo, penetró en la sede del club para contar sus razones y sensaciones en torno a su destitución.
Su presencia de ayer reflejó lo lejanos que quedan los días de vino y rosas, cuando llegó de urgencia a rescatar a un equipo que marchaba a la deriva tras un comienzo de liga desastroso. Aquel 30 de octubre de 2005, Fernando Lamikiz despedía a Mendilibar y presentaba a Clemente como un salvador, como un remedio de urgencia para paliar la crisis deportiva. El técnico se sentó respaldado por el presidente y Txema Noriega, con el ánimo conciliador y con la sonrisa en la boca, pese a la crítica situación. Ocho meses y una semana después, el de Barakaldo se sentaba de nuevo en la misma mesa, en el centro, pero esta vez sólo, preparado para en 45 minutos de monólogo explicar las causas de su traumática salida del Athletic.
A lo largo de esos tres cuartos de hora, el ya ex técnico rojiblanco se mostró contundente en sus argumentaciones. El Clemente tenso y esquivo del jueves dio paso a un Clemente más relajado, locuaz y resuelto. Tras explicar lo sucedido en los últimos días hasta desembocar en la decisión de la junta directiva, se afanó en desmontar punto por punto las argumentaciones que recibió, y en los diez minutos finales de su explicación, pasó a arremeter sin rubor alguno contra la figura del presidente del Athletic, para quien dejó las frases más despiadadas de su monólogo. Y en esos momentos es donde su rostro abandonó la imagen más amable y relajada, la que había tratado de componer durante su discurso, para dar paso a un gesto serio, que reflejaba bien a las claras el cuerpo que le había dejado la decisión de la junta dirtectiva que preside Fernando Lamikiz.
Una pregunta
El esfuerzo de Clemente por estructurar un discurso lo suficientemente claro tuvo su efecto, ya que sólo hubo una pregunta final. Quizá el inesperado vendaval de reproches al presidente del Athletic contribuyó a que los periodistas no tentaran a la suerte y animaran a continuar a un anfitrión encendido, por lo que se dio por concluida la rueda de prensa. Eran las 12,53 horas, y los reporteros gráficos se agolparon en el exterior para captar la imagen de la salida del de Barakaldo, algo que se produjo 20 minutos después, de nuevo en compañía de Miguel Santos. Era la imagen que ponía punto y final a su tercera etapa en «el club de mi vida», más corta sin duda de lo que él esperaba.
¿Habrá una cuarta? Ese es su objetivo, el deseo de dejó de cara al futuro. En su salida se pudo comprobar una vez más que el apoyo de los aficionados no le falta. Los gritos en su favor y en contra del presidente le acompañaron hasta la puerta. Pero el entrenador con más partidos en la historia del Athletic ya es pasado. Es la hora de un nuevo inquilino en el banquillo que, además de trabajo y resultados, ayude a recuperar la tan deseada tranquilidad olvidada durante la 'tercera era Clemente'.