La aparición del primer caso de gripe aviar en España -un somormujo muerto en el humedal vitoriano de Salburua- tiene su evidente importancia, por lo que implica una enfermedad contra la que la Organización Mundial de la Salud lleva tiempo advirtiendo sobre su posibilidad de convertirse en pandemia humana y que en lo que va de año se ha cobrado la vida de un centenar de personas en el sudeste asiático. Pero igualmente no debe dramatizarse. España ha sido de los últimos países europeos en incorporase a la lista de afectados y, antes, otros once miembros de la UE, desde Austria a Gran Bretaña, pasando por Italia o Francia, han recogido aves muertas por efectos del virus H5N1 en los primeros meses de 2006, sin que por ello se haya producido ningún incidente mayor.
Aunque las autoridades han matizado oportunamente que este caso concreto del ave silvestre de Vitoria no representa peligro para la salud humana, sería preferible que fueran los profesionales autorizados, no sólo los políticos, quienes hicieran las recomendaciones dirigidas a la ciudadanía. El problema es, de momento, estrictamente de ámbito veterinario. Y si bien en otras regiones del mundo se han producido muertes por contagio, conviene aclarar que ha sido debido a que en sus zonas rurales se da una clase de convivencia y de contacto físico con los animales inexistente en nuestro ámbito. La mayor amenaza de la gripe aviar es que se produzca una mutación del virus que lo haga capaz de transmitirse entre las personas con la virulencia que lo hace entre las aves. Pero para ello deben darse coincidencias que, si no son imposibles, al menos no son fáciles.
Donde sí puede haber consecuencias considerables es en el ámbito veterinario y las explotaciones avícolas, pese a que el consumo de carne y huevos cocinados no represente ningún peligro. De ahí la necesidad de que no se baje la guardia en el cumplimiento de los protocolos aprobados por el Ministerio y las consejerías de Agricultura. Y, por supuesto, que el plan nacional esté activado en su fase de vigilancia y prevención con toda la eficacia exigible. Las reuniones, la próxima semana, de los organismos competentes deberían servir para comprobar el funcionamiento de los controles en fronteras sobre mercancías y personas en esta época de desplazamientos masivos. Y, a la vez, para revisar el grado de cumplimiento de la que se enunció como estrategia preventiva más adecuada para los países de la UE: destinar recursos a la detección y combate del virus en las zonas africanas, desde donde pueden llegar aves infectadas.