«El Papa es el representante de Cristo en la Tierra. Quiero verle, escucharle... Quiero que remueva mi conciencia con sus palabras». Piluca Baselga, de 37 años, zaragozana de nacimiento y bilbaína de adopción, es una de las 250 personas que están este fin de semana en Valencia -gracias a una expedición organizada por el Colegio Gaztelueta de Leioa- para asistir al V Encuentro Mundial de las Familias que contará con la presencia de Benedicto XVI. «Estoy muy emocionada con la posibilidad de contemplar el rostro del Pontífice, muy ilusionada, porque le quiero muchísimo». Y no es la única. Las diócesis de Bilbao, Vitoria y San Sebastián calculan que cerca de 3.000 vascos se han desplazado a la capital del Turia para «arropar a la Iglesia» y dar la bienvenida al Santo Padre.
«Admiro el esfuerzo que va a hacer un hombre de 80 años para estar con todos nosotros». La emoción con la que habla Piluca Baselga es arrolladora y sincera. No es la primera vez que esta peregrina, «felizmente casada» y con cuatro hijos, se echa a la carretera para estar cerca de un Papa. A Juan Pablo II le llegó a ver en ocho ocasiones, «las cinco veces que estuvo en España y otras tres en Roma». Ahora, con Benedicto XVI, repite la experiencia sin miedo a equivocarse. Lo hace con su marido, Carlos, y tres de sus cuatro niños: Carlos, Jaime y Alfonso. «Venimos en familia para escuchar a un hombre humilde, muy dulce, que comunica de forma maravillosa las cosas que importan de verdad».
Joaquín Usunariz, coordinador del viaje, coincide con Baselga: todo católico tiene un deseo irrefrenable de ver al Papa. «En realidad, no importa si se trata de Juan Pablo II o Benedicto XVI. Lo que queremos es escuchar la voz del Pontífice y convertirnos en su altavoz». Entre los peregrinos están representadas todas las generaciones: niños, adolescentes, jóvenes, mayores... «A lo que venimos es a apoyar a la Iglesia, una institución de veinte siglos de antigüedad que guarda el secreto del hombre y la Humanidad».
Solidaridad
La «bondad» y la «humildad» que desprende Benedicto XVI también han conmovido el corazón de Miguel Urrutia, un joven bilbaíno de 25 años que está en Valencia con su esposa y unos amigos. «Siendo cristiano, no puedo desperdiciar una oportunidad como ésta. El Papa estará muy cerca de nosotros y eso hay que aprovecharlo». Reconoce que el primer año del pontificado de Ratzinger le ha sorprendido «gratamente» porque, en su opinión, «proyecta una imagen muy serena y cálida. Se decía que era de los 'duros', muy rígido e inflexible, pero con el tiempo ha demostrado que sabe estar cerca de la gente».
Pero hay peregrinos que se han acercado a Valencia no sólo para ver al Papa, sino también para disfrutar de un ambiente «distinto», especial, en unas calles «llenas de solidaridad» que recuerdan las 41 personas que perdieron la vida el lunes en un trágico accidente del metro. Es el caso de Sara Sagredo, una adolescente vitoriana de 17 años, que quiere empaparse de «todo lo bueno» que ocurra en un fin de semana con olor a magia. La joven, que sueña con ser química, se enorgullece de ser creyente, católica, y está entusiasmada con la posibilidad de saborear una experiencia que recordará el resto de su vida. Verá a Benedicto XVI, compartirá «cosas y valores» con la gente de su edad y -está convencida- volverá a casa «más completa como persona».