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Lunes, 10 de julio de 2006
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ANÁLISIS
'Txakurra'
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Ocurrió por la mañana. La evidente abuela, no muy mayor, paseaba a tres niños. El más pequeño, a los mandos de su silla de paseo, arrancó a correr por la acera justo en el instante en el que me cruzaba con el grupillo. Escuché decir a la señora: «como te vea un txakurra (perro)...». Una variante del clásico «como te vea un guardia», pero aderezado con una considerable dosis de desprecio por las instituciones policiales.

Resulta muy discutible el valor educativo de la expresión incluso cuando está referida al guardia. El niño, con este tipo de advertencias, puede quedarse sólo con una imagen represora de los policías: son los que intervienen precisamente cuando se hace algo que no le gusta a quien emplea la frase.

No es el adulto quien fija las normas según un razonamiento claro, sino que esto lo hace un sujeto extraño a la familia y uniformado. Con esta argumentación, a los guardias se les teme y no se les respeta. No sólo eso. Además, representa un tipo de educación ética basada sólo en el miedo al castigo, no en la comprensión de que es bueno hacer las cosas bien.

El colmo llega cuando, como ocurrió con la vitoriana protagonista de esta historia verídica, se insulta directamente al agente de la ley. El niño no sólo recibe la imagen de la policía -del tipo que sea- como un órgano represor, sino que esto los hace despreciables. El guardia convertido en 'txakurra' es doblemente malo. Y yo puedo hacer lo que quiera, aunque siempre a escondidas de los arbitrarios y autoritarios agentes.

No sé si estas disquisiciones tienen algún valor, pero la doña aquella me dejó realmente perplejo. Por fortuna no influirá mucho en el carácter de su nieto porque, en la cristalización definitiva de las personas, no es lo más decisivo lo que digan familia y profesores, sino lo que digan los amigos. Pero me reconocerán que esta abuela no parece ejemplar.

jc.p.cobo@diario-elcorreo.com



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