«En el fondo, tiene corazón de gitano y le encanta. Creo que le gusta vivir en ese autobús más que nada», decía el escritor y actor Sam Shepard sobre Bob Dylan. Ese autobús negro y de cristales tintados permanecía ayer aparcado, junto con otros tres vehículos gemelos, en la puerta del Hotel María Cristina. En ellos habían llegado el músico estadounidense y su séquito a las cinco de la mañana, procedentes de Valladolid, en donde el artista ofreció el domingo el penúltimo concierto de su minigira española ante 4.000 personas que 'pasaron' de la final del Mundial para disfrutar de su música.