Resulta paradójico: para algunos es facilísimo tomar partido al encarar el análisis sobre la coyuntura venezolana; para otros no parece ser tan fácil. Esta sociedad se ha convertido en un rompecabezas complejo. Al mismo tiempo presenta a pleno sol y con cristalina claridad casi todas sus aristas, que revelan las actitudes a favor y en contra del actual Gobierno, y se entrelazan y se neutralizan mutuamente en el tejido venezolano. Naturalmente, depende de quién esté observando y de cuáles sean sus criterios para que el diagnóstico sea uno u otro. Y depende de cuál sea la dependencia de las ramas estatales para que uno se coloque en uno u otro bando. Pero tampoco es tan sencillo
Por un lado, parecería que los sectores del escalafón más pudiente, los que tradicionalmente han estado situados en la llamada clase media y los que se mueven en los medios intelectuales muy debilitados son los más vociferantes en su oposición a la evolución del Gobierno de Hugo Chávez, en el poder ya casi nueve años, un récord en América Latina solamente superado, de largo, por Fidel Castro. Por otro, la mayoría sumida en la pobreza solemne (sobre todo ahora que parece haber surgido espectacularmente en el escenario político latinoamericano como el mal a atajar) o bajo la amenaza de descender a esa sima, unida a unos sectores que se benefician de la distribución de los productos petrolíferos o que están en la estructura militar, parecen constituir el frente sólido en el que Chávez ha cimentado su poder incuestionable, sin que haya asomo de competencia con las armas tradicionales de los procedimientos democráticos.
De momento, y a pesar de que la evolución de los acuerdos entre la oposición puede variar, no parece que surja un contrincante con posibilidades de defenestrar a Chávez en diciembre. La precariedad ideológica en la que se mueven los sectores que no están de acuerdo con la línea gubernamental es tal que en unos momentos pareciera que la persona que tendría mayores posibilidades es un revolucionario marxista reciclado, Teodoro Petkoff. El hecho de que ni siquiera este ahora respetado analista sea aceptado por el abanico de la oposición es una prueba más del agotamiento final de las fuentes tradicionales de los partidos históricos, que ya no existen como tales ni como alternativa, o los focos de la derecha que quemaron sus últimos cartuchos en el frustrado golpe de Estado de abril de 2002. Todavía hoy se pagan las consecuencias de la toma de poder (de una base jurídica en extremo dudosa a la vista de toda la legislación interior y comparada) por parte del empresario Pedro Carmona y las acusaciones de anuencia de Estados Unidos y de algunos gobiernos extranjeros, sobre todo europeos.
Pero, en cualquier caso, las elecciones de diciembre están marcadas por la polémica y la resignación por parte de los sectores opositores, ya que, por una parte, los procesos de cuestionamiento e inspección de los padrones electorales se dan de bruces con la intolerancia de los argumentos del poder. Por otra parte, las encuestas y especulaciones predicen a meses vista otro descalabro, no se sabe bien si por los resultados de la elección improbablemente abierta con candidatos firmes, o peor, por una abstención efectiva como la que contribuyó a que el partido de Chávez copara todo el poder legislativo el pasado diciembre, pese (o gracias) a una elevada abstención. De ahí que este panorama refuerce la tesis de los que denuncian que Venezuela se ha transformado en una dictadura constitucional de la que nadie ve la salida.
Para contrarrestar esta tesis, la realidad venezolana sorprende al visitante con una impresionante expresión de opinión libremente emitida, tanto en conversaciones espontáneas, declaraciones públicas en reuniones y congresos, y en unos medios (sobre todo escritos, pero también televisivos) de comunicación exhaustivamente ocupados en comentar las carencias y excesos de la política y diseminar sus tesis y acusaciones contra Chávez. Aunque el visitante se lo proponga diplomáticamente y no desee tratar el tema de manera directa, el chavismo o antichavismo se colocará en el centro de la conversación a la menor oportunidad. El resultado de esta espontaneidad es que la sociedad venezolana está tremendamente polarizada y que no hay espacio para los términos medios. Peor, parece ser que se ha desvanecido la posibilidad de consenso que fue la marca del sistema anterior mientras se ejecutaba la alternancia entre 'adecos' (apoyados por la socialdemocracia internacional) y 'copeyanos' (arropados por los democristianos europeos).
Si se quiere desbancar a Chávez, una causa de erosión pueden ser sus propios errores políticos o el agotamiento financiero de su gestión, además de las carencias del propio tejido social venezolano. Pero el mayor peligro puede ser precisamente su vertiginosa política exterior, sobre todo en la propia América, donde no sienta nada bien el enfrentamiento con Alan García y se duda de la lealtad de sus vecinos, más allá de las conveniencias energéticas.