El mercado laboral español se mantiene fuerte y crece con vigor, como corrobora el último informe elaborado por Adecco y el IESE. En él se ve que el salario medio se redujo un 0,5% en el primer trimestre y son ya seis los trimestres en que ocurre lo mismo. En términos absolutos, el valor actual de dicho salario medio es de 1.922 euros -superando solo a los casos portugués y polaco y muy lejos del inglés que ocupa la primera posición con un envidiable 3.607-. ¿Contradicen estas cifras la afirmación inicial? En absoluto. La aparente contradicción se disipa cuando vemos que más de la mitad, -exactamente el 58%- de los empleos generados en Europa se han creado en España. Como la mayor parte de los nuevos empleos ocupan la parte baja de la escala laboral -los servicios y, en especial, la atención doméstica-, la media global desciende.
No se alarmen, el valor de los salarios individuales de los trabajadores instalados no ha bajado pero la media total sí, a medida que los nuevos entrantes en el mercado laboral consiguen puestos peor remunerados.
La economía española lleva muchos años demandando empleos a un ritmo impresionante y eso debería haber conducido a un aumento de los salarios, pero la oferta de trabajadores que buscan un empleo entre nosotros ha subido aún más, como consecuencia del fenómeno de la inmigración y de que sus integrantes están dispuestos a aceptar unas condiciones de trabajo más exigentes y/o peor remuneradas.
Lo que sí va mal es el asunto de la temporalidad - excesivamente elevada y la más alta de Europa - pero eso es consecuencia del ordenamiento legal. Cuantas más trabas administrativas se pongan y mayores costes económicos se imputen al proceso de salida del mercado laboral, mayores dificultades aparecerán a la hora de contratar. En general este argumento no gusta nada, pero está claro que su falta de aceptación popular no lo invalida.