El Correo Digital
Miércoles, 12 de julio de 2006
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Pésimo
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Sabíamos que el escritor Saramago no era la alegría de la huerta en lo que al sentido de la existencia se refiere; sabíamos que lleva su pesimismo como la orgullosa cresta roja del gallo portugués, el icono de porcelana de la identidad lusa. Leo que dice en una entrevista que «el mundo es pésimo y que el ser humano no merece la vida y ha fracasado como especie». El mundo es pésimo, ya lo sabemos y a pesar de todo mañana cogeré un tren pésimo que tarda las mismas horas de los mismos tiempos aquellos de vidas mal rodadas por la red de ferrocarriles españoles, símil real de lo pésimamente que andaba todo. Las estaciones del pasado siempre traen mal recuerdo. Los relojes frenaban los minutos y las horas bailaban el vals de los retrasos. La mayoría de los que mañana viajaremos en un vagón de ayer con prohibiciones de hoy como lo es la de fumar, es decir, en un tren pésimo con gente que se tapa con toallas en verano por el frío del aire acondicionado o se asfixia literalmente viajando en un tren en enero. Casi toda esa gente sabe perfectamente que el mundo es pésimo. Así y todo queremos llegar a nuestro destino, el que hemos elegido cada uno de los viajeros del tren pésimo, un sitio de tránsito escogido libremente. Porque nos lo meremos. Merecemos vivir viajando bien los viajeros a los que nos gustaría que los trenes estuviesen rigurosamente vigilados en el sentido de que nos lleven seguros hasta la estación Termini de cada cual. Nos merecemos los viajeros de los trenes pésimos que circulan malamente por las vías de este pésimo mundo llegar con vida y enteros. Merecer la vida es una cuestión de envergadura filosófica y no te digo nada eso de fracasar como especie. Que se lo digan a Bob Dylan, que pertenece a una curtida especie de cantor que ahí sigue, en la cumbre del éxito blandiendo estandartes pacíficistas. Y los Rolling Stones triunfantes en Europa. Nadie los ve como cartones de un desembalaje. Sostiene Saramago que la televisión hace un uso totalmente gratuito de las imágenes. Por eso lo paga caro Zinedin Zidan. Porque 25 millones de personas vieron las imágenes del maldito cabezazo en el plexo solar de un chulo italiano mejor que en el estadio. Y se produce un gran debate planetario: ¿Acaso los dioses son de barro? ¿Es eso pésimo?



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