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Miércoles, 12 de julio de 2006
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DEPORTES
CICLISMO
Freire gana hasta sin darse cuenta
El velocista cántabro suma su segunda etapa en Dax, a las puertas de que el pelotón afronte los Pirineos
Freire gana hasta sin darse cuenta
SPRINT. Freire y McEwen chocaron sin consecuencias nada más cruzar la línea de meta de Dax. / EFE
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EL GANADOR
Óscar Freire

Datos: Torrelavega (15/2/1976)

Palmarés: 48 victorias. 3 Campeonatos del Mundo: 1999, 2001 y 2004. 3 etapas Tour: Sarrebrouck (2002), Caen y Dax (2006). 3 etapas Vuelta. 1998, etapa Castilla y León. 1999, Memorial Jacinto González Heredia. 2000, etapas Mallorca, Comunidad Valenciana, Tirreno, Aragón. 2001, etapas Alemania y Burgos. 2002, etapas Mallorca, Grazer e Innsbruck. 2003, etapas Andalucía, Tirreno, Volta, Giro di Lucca y General. 2004, Luis Puig, Milán-San Remo. 2005, etapas Mallorca, Tirreno y General, Flecha Brabançona. En 2006, etapas Tirreno y País Vasco, y Flecha Brabançona. Podio:

1. Óscar Freire (Rabobank) 5h.18.50

2. Robbie McEwen (Dav) m.t.

3. Erik Zabel (Milram) m.t.

6. Isaac Gálvez (CEI) m.t.

Mejores vascos:

15. Iñaki Isasi (Euskaltel) m.t.

23. Egoi Martínez (Discovery) m.t.

44. Unai Etxebarria (Euskaltel) m.t.

Líder de la general:

Serhiy Gonchar (T-Mobile)

Incidencias: Etapa de relleno entre Burdeos y Dax. Recorrido llano, sin ningún accidente geográfico. La única fuga de la jornada se produjo en el km 8. La formaron Christian Knees (Milram), Stéphane Augé (Cofidis) y Walter Bénéteau (Boygues), que fueron alcanzados a 3,5 km de meta. A 11,5 km de la llegada se cayó David López (Euskaltel), que se reincorporó y pudo terminar la etapa.

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En este Tour hay dos tipos con talla para batir a McEwen. Uno de ellos pasea de gala por la salida de Burdeos. Sus dientes iluminan. Camisa blanca abierta. Que se vea el bronceado. Destellan los anillos. Cipollini, claro. Vestido a la italiana, con ese descuido calculado, impecable. Dos chicas se arriman. Para una foto. Risa dentífrica. Posa con el hábito de un cantante. Tras el flash, las jóvenes siguen gravitando sobre él. Y Cipollini, con el mentón empinado, las ignora. Aire. Sigue repartiendo los pliegues de su sonrisa. Aún es una estrella. Decidido a no envejecer. «Ya no hay un tren como el mío». Cierto. Ya no quedan equipos dedicados al sprint. Sin él y sin Petacchi, la anarquía reina entre los velocistas. «Son llegadas desordenadas. Para gente con capacidad de salto, para los que saben buscarse la vida. Como McEwen y Freire». Freire. Eso es. El segundo corredor en este Tour con velocidad para tumbar a McEwen. El primero ayer en Dax, en su segunda victoria de etapa.

Anda Freire con prisa. Por su primer hijo. Papá es veloz, pero el bebé viene lento. Ayer salía de cuentas Laura, su mujer. «Como muy tarde, tendrá que nacer mañana -por hoy-». No lo verá. El Tour le reclama. «Ya que no puedo estar allí, mejor estar aquí ganando». Como ayer. Con Cipollini dedicado a la televisión, los sprints se han convertido en trincheras. «Aquí nadie respeta a nadie», agradece Freire. Mejor para él. Es un ciclista capaz de ganar de cualquier forma. Lo hizo escapado en 1999, en el Mundial de Verona. Desde el anonimato. Apareció de la nada en la Milán-San Remo de 2004. Desde la sombra. Y ayer surgió desde la estela de Boonen, en paralelo al golpe de riñón de McEwen. Desde la duda. «¿Seguro que he ganado? No me fío». Doble incertidumbre.

Nada más cruzar la meta, le preguntó a McEwen si por delante había llegado la escapada. «Me dijo que no». Fue su primera pregunta. Luego esperó la respuesta definitiva de la 'foto-finish'. Sólo entonces emuló la sonrisa de Cipollini. Gana sin entrenarse, sin avisar, en llano y en repechos... Hasta cuando se equivoca, como en la quinta etapa de este Tour... Hasta cuando no se entera, como ayer en Dax.

Por un tubular. Cada uno cuesta entre ochenta y cien euros. Un equipo profesional gasta más de mil al año. Tienen que tener la piel sin mácula. Al menor desgaste, fuera. Son un producto caro. El de Freire de ayer valía oro. De victoria. Desde Burdeos, entrelazando primero viñas y luego perdido en un océano de pinos, el pelotón se acercó a los Pirineos en la etapa más llana. Ni una arruga hasta Dax. Tres dorsales pedalearon con urgencia: Knees, Augé y Beneteau. Pero los kilómetros les fueron pelando, escama a escama. A las puertas de la taurina Dax, recibieron el estoque. Los velocistas se habían quitado los bozales. El Quick Step quería restaurar la imagen de Boonen, inédito en este Tour. Pero el belga no ha encontrado el santo y seña de esta edición. No consigue evitar a los gatos. A los lobos solitarios. A esos ciclistas retráctiles. A McEwen, ganador de tres etapas, y a Freire, de dos. Boonen es un mapa de arañazos.

Seguirá en Rabobank

Ya lo decía Antonio en la salida. «Hoy gana». Antonio es el hermano mayor de Freire. Rondaba por Burdeos para negociar el contrato de Óscar. «Seguramente, me quedaré en el Rabobank», dijo luego el ganador, desvelando una confidencia. Se quedará. Los Freire suelen dudar. También Marcos, el bebé, que no se decide a venir. También Antonio. No sabía si pararse en Dax o regresar directamente a Torrelavega. «Quédate en Dax, que hoy es día para Óscar», le recomendó Matxin, el director del Saunier Duval, el otro equipo que puja por Freire. Si no lo ata, y parece que no, abrirá el cedazo. A por otro líder: ¿Qué tal Mayo? Pero ésa es otra historia.

Antonio paró. Óscar no. El pelotón se tiró en fila hacia las rotondas que abrían Dax. Hubo velocidad y cortes: Mayo y Menchov se dejaron 13 segundos. Y hubo, sobre todo, emoción. Fue un sprint digno de Cipollini. Y mucho mejor sin su tren. Boonen lo inauguró. Freire a su rueda, sin saber siquiera si pedaleaba por la victoria. Con la duda de si sobrevivían los fugados. Daba igual. Había que intentarlo. Por si acaso. McEwen cavilaba menos. Vive en el borde. Se acercó por las vallas. A la espalda de Freire. Lleno de chispa. A Boonen se le cayeron todas las cáscaras cuando aún faltaban casi cien metros. No es su Tour. Freire pensó que era aún un sprint muy largo. Y recordó: su primera victoria la logró por precipitarse. Adelante, pues. Pensaba que se equivocaba, que no ganaba y que había una escapada. Freire gana hasta sin saberlo. «¿Seguro?». Que sí.



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