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Miércoles, 12 de julio de 2006
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«Es el momento»
Julen Guerrero, uno de los mayores símbolos de la historia del Athletic, se despide entre lágrimas como futbolista, arropado por directivos, jugadores y familiares
«Es el momento»
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SUS DATOS
Nombre: Julen Guerrero López.

Nacimiento: Portugalete (Vizcaya).

Fecha de nacimiento: 7-1-1974.

Edad: 32 años.

Posición: media punta.

Debut con el Athletic: 6-9-1992 (Athletic 2-Cádiz 1).

Partidos con el Athletic: 430.

Goles marcados con el Athletic: 116.

Partidos jugados de Liga: 372.

Goles marcados en Liga: 101.

Partidos jugados en Copa: 41.

Goles marcados en Copa: 11.

Partidos jugados en Liga de Campeones: 8.

Goles marcados en Liga de Campeones: 2.

Partidos jugados en la Copa de la UEFA: 7.

Goles marcados en la Copa de la UEFA: 2.

Partidos jugados en la Copa Intertoto: 2.

Partidos jugados con la selección de Euskadi: 12.

Goles marcados con la selección de Euskadi: 6.

Partidos jugados con la selección española: 39.

Goles marcados con la selección española: 13.

Mundiales disputados: dos (Estados Unidos'94 y Francia'98).

Eurocopas disputadas: una (Inglaterra'96).

Debut con la selección española: 27 de enero de 1993, con 19 años.

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El Athletic ha perdido a su último mito. Con la voz rota, los puños apretados y los ojos empapados en lágrimas, Julen Guerrero anunció ayer que se retira del fútbol. Lo hizo en el Palacio Ibaigane, en su casa, arropado por todos los estamentos de un club que se ha adueñado de lo más profundo de su alma. Su adiós deja un vacío irreparable. Se va el capitán, el mejor jugador rojiblanco de la década de los noventa, el último gran león. Ya no se verá su melena rubia volando por el césped de San Mamés, ni esas celebraciones que le surgían desde el fondo del corazón y que encendían la pasión de la afición hasta límites insospechados.

Tenía una temporada más de contrato y las «fuerzas» suficientes para seguir peleando por un puesto, pero ha preferido apartarse, adelantar el momento de la inevitable despedida. Quiere demasiado a este equipo como para convertirse ahora, después de 24 años defendiendo los mismos colores, en una carga para el Athletic. «Creo que es el momento de dejarlo. Por las circunstancias que sean, creo que le va a venir bien al Athletic y que vamos a salir mejor», explicó justo antes de romper a llorar.

Sus lágrimas brotaron directamente del corazón. Su cerebro luchaba por retenerlas, por impedir que la emoción se adueñase de sus sentidos. Llegó a la sede del club bilbaíno con la intención de ofrecer una explicación serena de los motivos de su prematura marcha. Pero no pudo. A la tercera pregunta de los periodistas se derrumbó y ya no consiguió articular palabra. La tristeza de dejar el fútbol superó con creces sus esfuerzos por mantenerse firme. No en vano, 430 partidos y 116 goles con la camiseta rojiblanca despiertan sentimientos que son difíciles de controlar.

Su desconsolado llanto, sin embargo, no significa que fuese una decisión precipitada. Con sólo 18 años, su espectacular irrupción en el fútbol profesional y sus posteriores muestras de fidelidad al club, a pesar de contar con ofertas de algunos de los mejores conjuntos europeos, ayudaron a reavivar la confianza de la afición en la filosofía deportiva rojiblanca. En una época en la que la falta de títulos comenzaba a amenazar la apuesta por la cantera, los éxitos de la perla portugaluja reafirmaron la fe de la grada de San Mamés en los valores que siempre han caracterizado al Athletic. Guerrero se convirtió en un símbolo, en algo más que un jugador profesional. Y como tal ha actuado en sus últimas temporadas, en las que ha permanecido en silencio a pesar de que su protagonismo en el equipo descendió drásticamente, y como tal se ha comportado en sus últimos días como futbolista de la primera plantilla, en los que ha tomado la dolorosa decisión de no completar el último año del contrato que firmó en 1995. «Lo he pensado durante las vacaciones», aseguró con un hilo de voz. Y es que Guerrero, aunque nunca perdió la esperanza de recuperar su mejor nivel, era perfectamente consciente de que hacía tiempo que no se parecía a aquel futbolista que encandiló al país a mediados de los noventa.

«Solución buena»

Por eso, según desveló Fernando Lamikiz, el media punta se puso en contacto con la directiva del club con la idea de intentar solucionar su situación. Y, después de una serie de reuniones en las que estuvieron presentes el jugador y su padre, el pasado domingo se cerraron casi todos los flecos de la retirada. Pero no todos. Así, para no levantar 'sospechas', el centrocampista apareció el pasado lunes con el resto de la plantilla en la presentación oficial del equipo mientras se cerraban las negociaciones con el órgano rector del cuadro vizcaíno. Algo que se produjo durante la tarde del lunes. «Lo de la presentación era porque estábamos terminando las conversaciones. Para no dar ninguna pista, creímos conveniente hacer el entrenamiento y, cuando cerráramos todo, ofrecer esta rueda de prensa», explicó en el único momento de su comparecencia en el que consiguió responder sin titubear por la emoción.

De hecho, Guerrero tuvo que hacer esfuerzos descomunales para evitar que las lágrimas desbordasen sus ojos desde el primer instante en el que entró en el abarrotado salón de Ibaigane. En el ambiente se respiraba una mezcla de incertidumbre -no se supo oficialmente cuál era el motivo de la rueda de Prensa hasta que Lamikiz y Guerrero anunciaron la retirada del capitán- y nerviosismo. Por eso, cuando entró en el salón y vio a todos sus compañeros de equipo, a los miembros de la junta directiva y a la cantidad de medios de comunicación que se habían dado cita en Ibaigane, al media punta vizcaíno se le hizo un nudo en el estómago.

Cerrada ovación

Llevaba un pañuelo blanco en la mano y los gestos de su cara, todavía serenos, revelaban lo dolorosa que ha sido para él tomar la decisión de retirarse. Se sentó junto a Lamikiz y, mientras el presidente rojiblanco hacía un repaso de su carrera y enumeraba los éxitos logrados en sus 14 temporadas en Primera División, Guerrero dirigía su mirada al cielo, consciente de que había llegado el momento que casi todos los futbolistas tratan de alargar.

Pero su gesto de tristeza se transformó en desconsolado llanto cuando le llegó el turno de responder a las preguntas. La emoción con la que se expresó inundó el ambiente que se respiraba en Ibaigane y, cuando las lágrimas le impidieron seguir explicando los motivos que le han llevado a anunciar ahora su adiós, los presentes en la sala le despidieron con una cerrada ovación.



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