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Miércoles, 12 de julio de 2006
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SOCIEDAD
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Un jesuita sustituye a Navarro Valls como portavoz del Vaticano después de 22 años
De perfil más discreto, Federico Lombardi, director de la radio y la televisión vaticanas, aglutina ahora todo el poder de la comunicación
Un jesuita sustituye a Navarro Valls como portavoz del Vaticano después de 22 años
DESPEDIDA. Navarro Valls, con Benedicto XVI, el sábado en el aeropuerto de Roma. / REUTERS
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BIOGRAFIA
1936: Nace en Cartagena, en una familia en cinco hermanos.

1953: Comienza Medicina en Granada, pero a los tres años se traslada a Barcelona.

1960: Conoce a Josemaría Escrivá e ingresa en el Opus Dei. Se especializa en medicina interna y psiquiatría. Años después se licencia en periodismo.

1970: Se traslada a Roma y vive junto a Escrivá. En 1977 es nombrado corresponsal de 'Abc'.

1984: Juan Pablo II le encarga la dirección de la sala de prensa del Vaticano.

1994-96: Encabeza las delegaciones de la Santa Sede en cuatro conferencias de la ONU.

2005: Benedicto XVI le pide que siga en su puesto.

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El que ha sido portavoz de la Santa Sede durante los últimos 22 años, el español Joaquín Navarro Valls, dejó ayer el cargo, según era su deseo desde hace tiempo, y fue sustituido por el actual director general de Radio Vaticana y también responsable del Centro Televisivo Vaticano, el jesuita Federico Lombardi, de 61 años. Con Navarro desaparece la última pieza del pontificado de Juan Pablo II y una de las más importantes desde que en 1984, cuando era corresponsal del diario 'Abc' en Roma, Wojtyla le encargó que se ocupara de las relaciones con la prensa, algo que entonces fue una revolución al tratarse de un laico. De 69 años y miembro numerario del Opus Dei, Navarro fue el responsable de la formidable proyección mediática que dominó el mandato de Juan Pablo II, una función en la que él mismo cobró un protagonismo personal. Prácticamente, y sobre todo en España, era la voz y el rostro oficial del Vaticano. En cambio, su sustituto vuelve a ser un cura y tiene un perfil más funcionarial, más anónimo, quizá más acorde con la nueva era de Benedicto XVI.

Según explicó hace poco en una entrevista televisiva, Navarro no tiene planes concretos para el futuro. «Tengo tal cantidad de libros que quiero estudiar, que necesitaría al menos seis o siete meses. Quizá sea lo primero que haga», comentó. Su última intervención ha sido este fin de semana, durante la visita del Papa a España, con una declaración crítica hacia el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, a quien recordó que tres líderes comunistas -Ortega, Jaruzelski y Castro- sí fueron a misas con Juan Pablo II. Fuera una táctica estudiada o no, el comentario ácido divergió totalmente del tono conciliador que imprimió Benedicto XVI a la visita, y queda como última imagen de un portavoz cuyo Papa ya no era el mismo que le nombró. Navarro se ha despedido con una breve nota de agradecimiento, de sólo dos líneas y redactada con la habitual concisión que le ha caracterizado: «En estos años he recibido mucho más de lo que haya podido dar, e incluso de cuanto ahora pueda comprender plenamente».

Cambio de guardia

Es un adiós muy simple para un cambio en realidad trascendental. Esta sustitución en un engranaje básico de la Santa Sede se inscribe en la profunda reforma de la Curia emprendida por el Papa, que precisamente hoy se ha ido de vacaciones dejando ya preparados para su regreso, el 28 de julio, un nuevo secretario de Estado -el cardenal Bertone, recién nombrado y que tomará posesión del cargo el 15 de septiembre- y otro responsable de las relaciones con la prensa. Aún están pendientes relevos en dicasterios y organismos, pero el grueso del cambio de guardia ha quedado resuelto para el próximo curso. Tras un año de pausa y reflexión, tal como preveían quienes le conocen, Ratzinger ha comenzado a marcar su impronta en la Curia romana.

Lombardi acumula de este modo un control sin precedentes en la comunicación del Vaticano, que probablemente busca mayor coordinación. En este momento, este campo decisivo de la proyección de la Iglesia se divide en una serie de parcelas de poder que caminan por su cuenta. Hasta ahora, el Opus Dei controlaba la sala de prensa; los jesuitas, la radio; y desde hace 22 años, Mario Agnes, ex presidente de Acción Católica, el 'Osservatore Romano'. Por encima de ellos, un ente que también parece destinado a la remodelación, el Pontificio Consejo de Comunicaciones Sociales.



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