El Correo Digital
Jueves, 13 de julio de 2006
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OPINIÓN
ARTÍCULOS
Sankara
Me regalaron el libro: una novela negra para una adicta al género. Lo primero que hube de hacer fue recurrir a un atlas para ver dónde caía Burkina Fasso. Lo segundo, hacer memoria: Sankara, presidente del pequeño país africano, asesinado en 1987 por Blaise Camporé, compañero de armas y revolución. ¿Ni puñetera idea!

Repasé las noticias de la fecha: apenas una mínima nota que reducía el magnicidio a una lucha tribal sin mayor importancia, algo entre tribus sin civilizar. De este modo limpia sus cloacas y sus crímenes nuestro democrático Occidente cuando limpia las cuadras en la trastienda de sus imperios.

Antonio Lozano, el autor y ganador del premio de novela negra Ciudad de Carmona, con el bisturí propio de este género capaz de abrir las fundas de los crímenes ocultados bajo nuestras alcantarillas, va desgranando las implicaciones de una Francia republicana, socialista y cuna de la Revolución. No se salva ni Mitterrand, ni su corrupto hijo, conocido como 'papá me dijo'. Terminada la impunidad del colonialismo 'a pelo' porque ya no resulta políticamente correcta, Francia se apunta a una nueva política definida por la frase de uno de esos gobernadores que han de gestionar la infamia sin que lo parezca: «...las rivalidades étnicas son un problema si no las sabemos gestionar, y una baza a nuestro favor si sabemos hacerlo».

Lozano, con dotes más de reportero que de novelista en gran parte de la novela, va descorriendo los velos de la infame actuación colonial francesa en África, desde la monstruosa actuación en Argelia cuya memoria ha servido para tantas novelas de la reciente narrativa francesa, hasta actuaciones menos conocidas en el África negra. Actuaciones cuyos hilos mueven intereses económicos de compañías petroleras, pagadas con oro o diamantes esquilmados al mismo continente y orquestadas por políticos corruptos de todos los signos ideológicos.

Mientras las vísceras de todas esas atrocidades no salpiquen a los ciudadanos de Occidente, nada sucede, o, como dice otro de los personajes de la novela, «la memoria de mis compatriotas (franceses) sólo es larga cuando les tocan el bolsillo». Y mientras, se convierte a niños en monstruos asesinos en la guerra de Sierra Leona o se condena a miles de personas a la miseria y el horror: «Todos los señores África (delegados en África de la República francesa), gaullistas, neogaullistas o socialistas, han coincidido en los fundamental: seguir mandando en África, por las buenas o por las malas».

Leer la novela de Lozano puede servir para despertar, aunque sólo sea unas horas, la dormida conciencia de un Occidente privilegiado sobre los cadáveres de miles de inocentes, para comprender nuestras complicidad, nunca inocente, en la larga historia de la infamia que supuso, y aún supone, el colonialismo.



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