Hablar de Wynton Marsalis como trompetista puede resultar un simplismo. A sus 44 años, no sólo es el primer músico de jazz ganador del Pulitzer, sino que es el responsable de la sección de jazz del prestigioso Lincoln Center neoyorquino -cuya big band lidera-, un incansable educador y un gran compositor e improvisador. Posee una visión clara acerca de lo que es o no música de jazz. Tampoco tiene pelos en la lengua para asegurar que la industria musical no le merece respeto. Y, también, tiene una técnica insuperable con la trompeta.
-Hace cinco años, estrenó aquí algunos movimientos de su 'Vitoria Suite'. ¿De cuántos consta ahora?
-Ahora son doce.
-Había partes que llevaban títulos como 'La decisión de Iñaki' -Añúa- o 'Jason y Jasone' -los ahora treintañeros de las familias Marsalis y Añúa-, entre otros. ¿Qué elementos le han inspirado estas nuevas composiciones?
-Uno es el paseo por donde va la gente. Otro, el restaurante El Portalón. También el espíritu de la gente, el sentimiento y otras cosas en torno a la música. Por ejemplo, los ritmos del flamenco, como la seguidilla, la soleá o la bulería. Hay algo de este tipo de formas rítmicas (marca los diferentes patrones).
-Ya que me habla de palos flamencos, ¿cuál es su impresión sobre la pasada noche, junto a Paco de Lucía?
-Paco es grande, fenomenal. Grande de verdad. Cuando le escuchas, ves que genera un entorno lleno de alma, muy relajado. Es un músico increíble, pero también posee una gran capacidad de sentimiento. Toca la música con el grupo y me encanta la tradición dentro de la que cantan. He escuchado mucho esta música.
-¿Tienen previsto grabar esta suite?
-No hay fecha aún, pero lo haremos. Tenemos que tocarla muchas veces antes de hacerlo.
-¿Hay posibilidades de que lo hagan aquí mismo?
-Podríamos hacerlo así.
-Siempre ha estado interesado en la educación musical. Ha dado una clase magistral en el seminario de jazz de la Juilliard School en Vitoria. ¿Cómo la valora?
-Ha estado muy bien. Los chicos son iguales en todo el mundo, pero sí hay una dificultad añadida, que es la de no hablar su idioma y complica la comunicación con los chavales.
Wynton precisa que, pese a su interés por el género, «hay algunas formas que me resulta complicado seguir». Como músico, apuesta por el respeto a las especificidades de cada estilo De hecho, considera que «hay mucha confusión, porque quienes escriben de jazz quieren dirigir la música a través de los artículos. Y esto sólo pueden hacerlo los músicos. Que apoyen a un intérprete que coincide con su punto de vista no le concede la capacidad de tocar. Es más filosofía social que música».
Tradición afroamericana
-Usted empezó con el funk. ¿El hecho de que algunos lo llamen jazz aumenta esa confusión?
-Pasa constantemente. Y el ritmo es diferente. No es jazz, sino otro estilo, que es algo que determinan los patrones que siguen el bajo y la batería. Como en el flamenco, hay formas, historia y una tradición que poseen un significado. El jazz viene de los afroamericanos, que ignoran estos factores. Los blancos americanos escriben sobre ello y no lo quieren reconocer, como si les molestara que no fuese suyo. O lo relacionan con elementos europeos. Una patraña. Les importa más el color de la piel que la sustancia. Tenemos que aguantar mucha estupidez. Pero lo que es, es.
-Es un enamorado de Matisse en pintura. Yeates le encanta, en literatura. ¿Qué le gusta en cine?
-No soy muy aficionado. Hay películas que me gustan, como 'Hable con ella', del español Pedro Almodóvar. Me gusta la forma en que usa la música en sus filmes. También hay cineastas como Francis Ford Coppola, John Ford, Alfred Hitchcock o Elia Kazan.