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Jueves, 13 de julio de 2006
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CRÍTICA DE DANZA
Innovación
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El espectáculo que ofrecieron Blanca Arrieta y John Scott en Lakua difícilmente puede ser descrito y menos aún definido dentro de cualquiera de las tendencias de la danza que hoy en día existen, que no son pocas, lo que nos sitúa ante una actuación diferente (algo muy difícil de encontrar), llena de imaginación y creatividad.

Riesgo en la propuesta, riesgo en la puesta en escena, riesgo en la interpretación, riesgo en el lenguaje coreográfico. La diferencia entre transgresión y provocación la marca la inteligencia del creador, y esto es lo que vi ayer, una inteligente transgresión en la manera de contar las cosas a través del movimiento.

El espectáculo comenzó en la calle, Blanca Arrieta en su creación 'Efecto mariposa' nos asombró con una serie de movimientos de brazos rotundos y muy trabajados al son del controlado 'tic tac' de un metrónomo, al que se sumó la arbitrariedad de la naturaleza, el sonido de las hojas, el niño con la bicicleta, un perro olisqueando el metrónomo, el dueño que lo llamaba a gritos, un viandante sorprendido, es decir, todo lo que no se puede controlar, el caos inherente a la cotidianidad.

Ya dentro del teatro, el trabajo del coreógrafo Tony Scott sorprendió desde el comienzo, utilizó todos los elementos imaginables en un escenario totalmente desnudo. Voz, interacción con el público, gesticulación de los bailarines (Igor Calonge, Robert Jackson, Jose Lastra), narraciones, sonidos corporales, muecas imposibles, y la minimalista música de Marian Gerrikabeitia que acompañaba a una danza bien ejecutada con una energía madura.

En definitiva una propuesta arriesgada, original, diferente y bien realizada que fue como un regalo al escaso público que asistió. Como suele ocurrir muchas veces con el arte, el genio auténtico sobrevive casi sin medios ofreciendo perlas en lugares casuales.



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