«Estas canciones piden ser tocadas en directo, son temas que pueden evolucionar mucho en vivo y tengo ganas de asumir ese desafío». Ben Harper se mostraba ansioso por salir de gira en vísperas de la edición de 'Both Sides Of The Gun', su último álbum doble, en el que separa su lado más «íntimo» del más «crudo y libre». El lado más introsfectivo y desenchufado de su repertorio se concreta en espirituales canciones de amor como 'Happily Ever After In Your Eyes', presuntamente dedicada a la actriz Laura Dern con la que decidió casarse por fin el 23 de diciembre. La vertiente más desatada navega entre el soul funk setentero, el blues eléctrico con guitarra slide, el folk rock y los tributos demasiado evidentes a Curtis Mayfield, Prince o los Stones, a los que calca en 'Get It Like You Like It'.
Dos facetas que este músico desbordante volverá a recalcar esta noche en el Bilbao Live Festival donde alternará la caricia y la crudeza, oscilando entre el blues, el folk, el soul, el gospel, el rock, el reggae o el hip hop filtrando en el camino versiones de Marvin Gaye o Led Zeppelin. Es uno de esos artistas que trasciende las categorías musicales al punto de haber hecho de su música casi un género en si misma. «Sólo escribo lo que siento, ni se me ocurre pensar en el mercado o en si algo está de moda o no. Si supiera que siempre voy a ser fiel a un estilo, incluso aunque fuera el mejor en una música concreta, me aburriría. Yo compongo sin tener en cuenta el estilo, sino las emociones; son ellas las que luego me llevan a un territorio o a otro"
Nacido hace 37 años en California, fue un músico precoz que absorbió los rudimentos del blues en el Centro y Museo de Música Folk fundado por su abuelo, «un revolucionario perseguido por McCarthy». «Era un almacén en el que reparara guitarras y tenía un museo con instrumentos de todo el mundo. Haber crecido en ese ámbito me ha marcado absolutamente como músico, fue crucial para conocer la pura esencia de la música y estar abiero a sonidos de todo el mundo». De los viejos bluesmen de principios del XX asimiló el 'fingerpicking', digitación propia del blues camprestre que ejecuta a su manera con su inseparable Weissenborn, añeja guitarra slide de cuello vacío de la que es un consumado virtuoso: «Es como parte de mi identidad».
Sin prejuicios
Eternamente comparado con Jimi Hendrix, de sus múltiples colaboraciones pocas le han dejado tan buen sabor de boca como la que hace dos años realizó con el veterano grupo Blind Boys of Alamaba que se concretó en el aclamado 'There Will Be A Light'. «Conectar con gente que es parte de la cultura espiritual de América supuso para mí como parte de un proceso de crecimiento personal. Abrieron una puerta hacia la tradición. Han acabado siendo parte de mi familia».
Harper se siente también próximo a pujantes musicos de folk-rock acústico que reconocen su influjo como G Love, Matt Costa, John Butler Trio o el Jack Johnson, ex surfer reconvertido en cantautor superventas. «Jack es un buen amigo, de alguna manera empezó como yo. Lo que me gusta es que tiene su propio estilo y siempre ha sido una artista completamente autónomo. Hace lo que hace al margen de las modas y la gente ha sabido apreciarlo».
En los doce años que lleva empeñado «en llevar la tradición a otro nivel» Harper ha colocado más de siete millones de copias pero dice no ser consciente de su propia evolución. «Mi mente se mueve a tanta velocidad que no tengo tiempo para pararme y analizar. Aún soy un artista joven como para analizar mi carrera y plantearme una antología o así. Más bien veo mis canciones como fotografías de un momento concreto. Cuando no compongo me gusta más escuchar lo que hacen otros que reflexionar sobre mí mismo».
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