Cuando Fabio Grosso marcó el gol de la victoria de Italia , Marcello Lippi no saltó, ni se abrazó a nadie, ni se puso a correr hacia el campo. No, lo primero que hizo fue girarse hacia el banquillo y coger su chaqueta. Era la imagen del deber cumplido. Luego, tras los abrazos y la euforia, se encendió un puro. El tercer entrenador de Italia que puede presumir de haber ganado una Copa del Mundo (Pozzo en 1934 y 1938, y Bearzot en 1982), anunció ayer oficialmente su decisión de dejar la selección tras el Mundial, tal como había adelantado varias veces. Nadie le ha hecho cambiar de idea, aunque afirma que continuará entrenando. No se sabe dónde y él mismo ha desmentido con sorna los rumores que le situaban en el Manchester, pues dice no tener ni idea de inglés. Sus posibles destinos están en Italia o España. De momento se va de vacaciones con su familia, la cosa que más le importa en el mundo, y disfruta del mar en su pueblo, Viareggio.
Para este ex líbero de la Sampdoria de 58 años, curtido como entrenador en la Juventus, el triunfo en el Mundial ha sido la venganza de una vida de murmullos degradatorios, que lo pintaban como un mediocre que no hubiera sido nadie fuera de la 'Juve', y hasta como un gafe por sus tres finales perdidas en la Champions. Pero sobre todo ha sido la revancha de 50 días infernales. El mismo día que Italia se retiraba en Coverciano estallaba el escándalo del 'Calcio', que no sólo afectaba a los equipos de casi todos sus jugadores, sino a él mismo de forma muy personal. Aparecía en algunas llamadas que podían indicar que aceptaba presiones para llevar jugadores a la 'azzurra' y su hijo Davide, agente con el hijo de Luciano Moggi, principal acusado, está implicado directamente.
Fue un golpe duro y hasta su móvil acabó en los periódicos. Muchos pidieron su dimisión, pero la federación lo respaldó. Susceptible, serio, sin medias tintas con los periodistas, es elegante fuera del campo, pero en el banquillo viste de chándal, porque es un currante. Ha firmado 29 partidos en dos años, que empezó perdiendo con Islandia. Ahora se va con un Mundial en el bolsillo. «Mi papel se ha agotado», explicó ayer. Su último acto de seleccionador fue visitar en el hospital al ex juventino Gianluca Pesotto.