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Celedón no tiene aún escolta para el Chupinazo
5 agentes sufrieron heridas en 2005 al ser golpeados y rociados con spray La Guardia Urbana se plantea medidas de presión para lograr mejoras, y el alcalde garantiza que Gorka Ortiz de Urbina «irá acompañado»
Celedón no tiene aún  escolta para el Chupinazo
APUROS. La multitud zarandea a Gorka Ortiz de Urbina durante el Chupinazo del año pasado. / IGOR AIZPURU
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Celedón no encuentra policías voluntarios suficientes que le acompañen en su multitudinario trayecto hasta la balconada de San Miguel. El símbolo vivo de las fiestas de La Blanca recorre cada 4 de agosto ese itinerario de 115 metros entre la calle Postas y la balconada para agitar su paraguas y saludar a las 80.000 personas que le esperan tras el Chupinazo. Pero la reencarnación del personaje que baja al centro de la ciudad colgado de un cable tiene un problema este año: no hay suficientes policías municipales que se hayan ofrecido a acompañarle porque el recorrido es cada vez más accidentado. Se da la circunstancia de que, además, la plantilla de la Guardia Urbana baraja realizar medidas de presión si no consigue varias mejoras laborales.

El problema ha encendido la luz de alarma en el Ayuntamiento, aunque ayer el alcalde de Vitoria, Alfonso Alonso, aseguró que Gorka Ortiz de Urbina hará el trayecto «acompañado» por la Policía Municipal. Si no hay voluntarios, él mismo ordenará que en esta edición también haya un grupo de agentes que protejan a Celedón.

Y es que lo que antaño era un tranquilo paseo en el que el público respetaba los jardines de la Virgen Blanca se ha convertido en un acto multitudinario. Hasta 1987, los agentes incluso lucían su uniforme de gala, una tradición que desapareció al extenderse la costumbre de celebrar las fiestas con el lanzamiento de cava al aire.

En la actualidad, la plaza es una olla a presión y el itinerario no sólo es más duro, sino que cada vez castiga más a Celedón y a sus acompañantes. La situación más extrema se vivió el año pasado, cuando la comitiva soportó numerosos golpes y empujones protagonizados por una minoría de vándalos. El recorrido duró 4 minutos y 44 segundos, los suficientes como para que cinco de los nueve policías municipales acabaran en Urgencias.

Agresiones

En el trayecto, varios jóvenes lanzaron gases lacrimógenos a dos escoltas, y otro recibió el impacto de un palo. Gorka Ortiz de Urbina llegó a la balconada extenuado y con el paraguas destrozado. También tuvo que esquivar los continuos intentos por arrebatarle la txapela y soportó las consecuencias del comportamiento de quienes se le echan encima para tocarle «porque da suerte».

La violencia también llegó a la balconada de San Miguel. Tres personas resultaron heridas tras una lluvia de objetos contundentes, entre ellos pelotas de golf.

«Fue un infierno», reconoció horas después a este periódico un portavoz de la Policía Municipal. Los agentes llegaron a exigir al Ayuntamiento que buscara otra fórmula para proteger a Celedón. Entonces resurgió la idea de que esta labor la hicieran los blusas, pero éstos se negaron. La polémica desapareció, quizá porque el próximo Chupinazo quedaba muy lejos.

Hasta estos días. El alcalde se reunió ayer con Gorka Ortiz de Urbina para analizar la situación. Tras el encuentro, Celedón reconoció que el itinerario hasta San Miguel «es una paliza», aunque antepuso dos mensajes claros. Primero, que «estoy muy tranquilo y no me siento inseguro». Y segundo, que no quiere que le escolten los blusas porque «no es su función».

Ante todo, hizo un llamamiento «al civismo de los vitorianos», a los que reclamó «que faciliten mi paso y no sean tan efusivos. Algunos muestran un cariño excesivo».

«Inaceptable»

El alcalde fue más contundente. Alonso censuró lo sucedido durante el Chupinazo del año pasado, e incluso llegó a calificar de «via crucis» el recorrido que realizó Celedón con sus escoltas. El regidor popular manifestó que Ortiz de Urbina sufre una presión «absurda e inaceptable» por parte de algunas de las personas en la Virgen Blanca.

Por todo ello, reclamó a los vitorianos que garanticen la seguridad del símbolo festivo con su comportamiento. «Los defensores de las fiestas y de la tradición son una garantía suficiente», dijo.

Ni el alcalde ni Celedón quisieron vincular el problema de la falta de escoltas con las medidas de presión que estudian realizar los policías locales para exigir mejoras laborales. Fuentes sindicales aseguraron que los agentes incluso se plantean hacer «una huelga de celo» el 25 -Día del Blusa- y durante todas las fiestas.

La Guardia Urbana reclama incrementos retributivos -por ejemplo, que los sábados por la tarde y las jornadas de La Blanca computen como festivas-, así como contar con abogados penalistas externos y un vestuario «más adecuado para patrullar». Fuentes sindicales y del Gabinete Alonso rechazaron que este conflicto esté relacionado con la ausencia de suficientes agentes para acompañar a Celedón. También anunciaron una próxima reunión con los agentes.

i.cueto@diario-elcorreo.com



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