566 trabajadores. Ésta es la plantilla de Integración y Desarrollo S.A. (Indesa), la empresa foral que gestiona los ocho centros especiales de empleo de la provincia, donde trabajan de manera exclusiva alaveses con discapacidad, en su mayoría psíquica, aunque también hay operarios con minusvalías físicas y sensoriales. El número actual de empleados es mayor en un 40% a la plantilla que Indesa tenía hace diez años. Dicho de otro modo, en una década ha crecido en 161 nuevos puestos.
El aumento ha sido progresivo. Así, la sociedad foral tenía contratadas a 321 personas en 1994 y a 405 tres años después. En 2000, eran ya 485 los empleados y, un ejercicio más tarde, se superó por vez primera el medio millar.
Este paulatino incremento pone de relieve que la integración de las personas con discapacidad en el mercado laboral convencional sigue siendo todavía una utopía. Por ello, uno de los principales cometidos de Indesa es lograr nuevos contratos para aumentar la carga de trabajo sus talleres y, en consecuencia, poder contratar más personal.
Para ello, sin embargo, es necesario que estos centros especiales mejoren también sus resultados económicos. Desde 2003, la facturación de Indesa supera con creces los 6 millones de euros, es decir, sobrepasa la barrera de los 1.000 millones de las antiguas pesetas. La cifra no es nada despreciable si se tiene en cuenta que supone casi un 74% más de la conseguida diez años antes.
Este importante resultado económico no logra, sin embargo, reducir el déficit. Muy al contrario, el apoyo económico que le tiene que proporcionar la Diputación crece cada año. Así, las arcas forales abonaron el pasado ejercicio 825.000 euros para cuadrar el balance de ingresos y gastos. Esta aportación, que crece cada año, se justifica por las «mejoras salariales de los dos últimos convenios», señala el director gerente del Instituto Foral de Bienestar Social, Carlos García.
Con un total de 145 clientes, la actividad de los talleres protegidos es muy variada. Sus empleados, que en todos los casos han de tener una discapacidad superior al 33%, se dedican a tareas de montaje de piezas sencillas para otras industrias, a realizar el envasado de productos (pilas, barajas) e, incluso, a labores agrícolas y de jardinería.
La limpieza de edificios públicos, el lavado y planchado de ropa de las residencias de la Diputación, y el cocinado y suministro de las comidas de la red de centros ocupacionales y de día para discapacitados son otras de las funciones más demandadas. De hecho, el 42% de los operarios trabaja en la limpieza. En cuanto a la edad, la plantilla de Indesa es relativamente joven. Dos tercios se sitúa por debajo de los 47 años. El 57% son varones.
m.j.carrero@diario-elcorreo.com