-¿Qué le falta a Vitoria desde un punto de vista turístico?
-La Concha. Lo digo en el sentido de algo diferente, un punto de atracción que no tenga otra ciudad. Bilbao dio con el Guggenheim como punta de lanza, pero no es suficiente. Luego siguió con el Euskalduna y el BEC. La verdad es que Bilbao no para. Ahora busca cómo enganchar a su imagen la Rioja.
-Su compañero y presidente de Álava Incoming, Iñaki Garmendia, decía que a Álava sólo le faltaba un icono, un símbolo.
-Hacen falta más. Uno sería sólo el principio y la catedral puede ser válido. Pero necesitamos más.
-Hay quien piensa encontrarlo en torno al vino.
-En la Rioja Alavesa están encantados con la bodega y el hotel de Gehry en Marqués de Riscal. Son símbolos que van a llegar a todo el mundo, reforzando ya la buena imagen de sus caldos.
-¿Tanto gancho tiene la Rioja?
-Lo tiene, pero todavía le queda mucho recorrido por delante.
-¿Y el golf? En los últimos tiempos abundan los proyectos de nuevos campos. ¿Supondrán una gran baza para el turismo alavés?
-El golf se ha convertido en una gran arma turística, aquí, en España y en todo el mundo. El número de aficionados y jugadores era increíble hace poco tiempo. Hay que incorporar esa oferta de forma complementaria al resto de lo que tenemos. Que un visitante pueda ver la catedral o un viñedo, y dedicar un rato por la tarde a jugar al golf antes de una buena cena.
-¿Qué comentan los visitantes, extranjeros o españoles tras recorrer el Casco Viejo? ¿Les nota decepcionados?
-¿Decepcionados? En absoluto. Sorprendidos y de manera muy grata. Vitoria es una gran desconocida y su almendra medieval es un buen ejemplo.
-¿No la ven abandonada?
-No, no. La encuentran preciosa y tranquila. ¿Por qué dice abandonada? Tampoco la veo yo así, ni insegura, como dicen algunos.
-Una pregunta sobre el sector hotelero, en el que trabaja. ¿No han abierto demasiados establecimientos en los últimos años? ¿No está sobredimensionada la oferta?
-Creo que sí. Vitoria es la ciudad más dura para un hostelero de cuantas he trabajado. Hay pocos clientes para repartirlos entre tantos locales. ¿Por qué se ha dado este exceso de oferta? Quizá porque en algunos casos ha primado la inversión inmobiliaria por encima de la perspectiva profesional del negocio.