El 23 de julio de 1976 se pierde para siempre el rastro de Eduardo Moreno Bergaretxe, 'Pertur'. Tenía 25 años y era uno de los líderes de los 'polimilis', una de las dos ramas en las que se desgajó ETA en los estertores del franquismo. Habían pasado ocho meses desde la muerte del caudillo y en la mente del joven dirigente se había forjado la idea de abandonar la lucha armada e iniciar el tránsito a la política con la creación de un partido revolucionario de izquierda. Pero no pudo participar en la Euskadi en ebullición política de la Transición ni completar la suya propia. Alguien se encargó de truncar sus planes en aquel verano, del que ahora se cumplen treinta años.
«Me da pena que su vida se truncara tan pronto, cuando acababa de comenzar un proceso de maduración. Es como si alguien empieza a escribir una novela y a las pocas páginas se queda sin memoria. Estoy seguro de que hubiera aprovechado la oportunidad de reaccionar ante los cambios, estaba llamado a jugar un papel importante en la vida política de la Transición». Tres décadas después, su hermano Álvaro, el mayor de los Moreno Bergaretxe -Eduardo era el segundo- y hoy profesor de Filosofía de la Ciencia en la UPV, lamenta sobre todo el prematuro final de su camino. Fue esa evolución desde las vías violentas que había defendido a posiciones más posibilistas tras el fin de la dictadura la que, según la versión comúnmente aceptada, le costó la vida.
«La organización que ha de ejercer la dirección política del proceso revolucionario no tiene que practicar la lucha armada», escribió 'Pertur' en la ponencia 'Otsagabia', elaborada mano a mano con el otro puntal de la dirección política de ETA-pm, Javier Garaialde, 'Erreka' - hoy director de Función Pública en el Gobierno vasco-, para la VII asamblea. El documento comenzó a prepararse a principios de 1976, recién muerto Franco, y siete meses más tarde Moreno Bergaretxe desapareció en circunstancias nunca aclaradas. Tampoco sus restos han podido ser hallados. Una pista en principio fiable que después resultó ser falsa llevó en 1997 -tres años después de que un juzgado de Irún le declarara oficialmente fallecido- a levantar una tumba del cementerio de Biriatou. En el nicho sólo se encontraron los tres féretros de la familia propietaria. El enigma continúa hoy.
El hombre de acción
«Pongamos que lo saben los que lo hicieron y alguno más. Pongamos que lo saben cinco personas», conjetura su hermano Álvaro. «Me cuesta creer que se vayan todos a la tumba sin decir ni pío», continúa el profesor. Aunque está convencido de que la muerte de 'Pertur' no se esclarecerá a corto plazo, confía en que más pronto o más tarde se conozca algún dato. «La lejanía lo desdramatiza todo», razona el mayor de los Moreno, que en los tiempos previos a su desaparición visitaba a su hermano casi cada semana en San Juan de Luz, a donde había huido tras la caída cerca de la 'muga' de un comando al que había prestado su coche. En su adolescencia, el hermano mayor pasaba por ser el intelectual de la familia y Eduardo, «el hombre de acción». Por eso a Álvaro, que por aquel entonces militaba en una organización de extrema izquierda no nacionalista, le sorprende el papel de ideólogo que asumió 'Pertur' en la banda. En aquellos encuentros al otro lado de la frontera teorizaban sobre el marxismo, el comunismo, la lucha armada. Discutían, por primera vez, de política. Pero las interioridades de ETA quedaban a buen recaudo. 'Pertur' no soltaba prenda. «Daba imagen de frívolo, pero debía de estar soportando una presión y una carga de responsabilidad enormes. Lo disimulaba muy bien».
-¿Y quiénes forman para usted ese reducido grupo de personas que conoce el secreto?
-Si hubiera sido la propia ETA no sería nada nuevo. Ya se habían producido unas cuantas escisiones y uno de los temas fundamentales en todas ellas era la lucha armada. No debe sorprender que se trate al adversario político interno como un auténtico enemigo a todos los efectos. Pero tampoco me quedaría de piedra si un día se descubriese que fueron los aparatos del Estado de la época, aunque la otra versión parece mucho más probable.
Fue precisamente a ellos a quien la organización terrorista atribuyó el crimen en un primer momento, e incluso grupos parapoliciales de ultraderecha llegaron a reivindicarlo. Pero los indicios que apuntan en la dirección contraria tienen peso suficiente como para haber convencido a la familia y a buena parte de sus contemporáneos de que fueron los llamados 'bereziak' -la facción militar de ETA-pm- quienes le hicieron desaparecer. Las sospechas recaen sobre Francisco Mujika Garmendia, 'Pakito', Miguel Ángel Apalategi, 'Apala', y Eugenio Etxebeste, 'Antxon'. La última vez que se le vio con vida estaba en compañía de los dos primeros. Subieron a un coche en San Juan de Luz. 'Pakito' y 'Apala', que más tarde pasarían a ETA-m, explicaron después que dejaron a Moreno Bergaretxe en Behobia, donde tenía una cita. Nadie más le vio nunca.
Se tensa la cuerda
«Con esa gente tenía una relación fatal. Luego está la historia esa de que lo tuvieron encerrado y la carta Pero, como dirían los anglosajones, el 'smoking gun', el arma del crimen, no existe», explica Álvaro. El hermano de 'Pertur' se refiere, vagamente, al relato de los convulsos acontecimientos que precedieron a la desaparición de Eduardo. Aunque prefiere no entrar en detalles, lo cierto es que la cuerda se había tensado en extremo entre 'Pertur' y quienes, según la convicción general, le habrían asesinado.
En abril de 1976, ETA-pm había secuestrado al industrial nacionalista Ángel Berazadi. 'Pertur' y 'Erreka' son partidarios de aceptar el rescate y liberarle, pero los 'bereziak' asesinan al rehén. El clima interno se enrarece en grado sumo. 'Pertur' también reprochaba a 'Apala' que se hubiera quedado dormido el día que tenía que recoger a los etarras fugados de la cárcel de Segovia. Es entonces cuando Moreno dirige una carta a Iñaki Mujika Arregi, 'Ezkerra' -hoy un conocido editor-, que estaba en la cárcel por culpa del famoso infiltrado 'Lobo', en la que le advierte de que «estas bestias -en alusión a los 'bereziak'- han convertido Euskadi norte en un Estado policial». «No logro zafarme de esta dinámica infernal de las conspiraciones, del infundio y la mentira que tiende a eliminar a los rivales políticos, no por medio del debate, sino a través de sucias maniobras», escribió de su puño y letra. Las misivas fueron interceptadas y 'Pertur' retenido para impedirle acudir a la reunión preparatoria de la asamblea, aunque los 'bereziak' le soltaron obligados por la presión interna. Semanas después, desapareció.
Gorka Knörr, ex secretario general de EA, amigo de 'Pertur' a principios de los 70 -ambos estudiaban juntos en la EUTG de los jesuitas en San Sebastián- y compañero ocasional de escenario, tiene grabada a fuego en la memoria la última conversación que mantuvo con él, dos semanas antes de que se esfumara para siempre, que refuerza su «absoluta convicción» de que los 'bereziak' «le quitaron de enmedio». El cantautor fue a San Juan de Luz a dar un recital y aprovechó para visitar a su amigo. En la estación, la madre de Knörr le dijo:
-«A ver si nos vemos pronto en el otro lado, Eduardo».
-«No sé, Teresa, porque con estos bestias puede pasar cualquier cosa».
Los recuerdos de Knörr y de otros políticos de su generación, como el europarlamentario del PP y ex ministro de Interior Jaime Mayor Oreja, ayudan a reconstruir la figura de un jovencísimo 'Pertur'. Extrovertido, lanzado, juerguista, músico en un grupo llamado 'Los Amis', tuno en la universidad, archiconocido en los bares de la Parte Vieja donostiarra, nervioso, inquieto. «¿Qué se opina en Estados Unidos de la lucha de Euskal Herria por su liberación?», espetó de pronto en la conferencia de una cantante folk norteamericana presumiblemente atestada de Policía secreta. Perturbador, de donde viene su apodo.
Mayor Oreja coincidió con él en los Marianistas de San Sebastián, tiempo antes de que prendieran en él la conciencia política y el marxismo. Un año menor que 'Pertur', sus equipos de fútbol se enfrentaban de vez en cuando. Sus abuelos maternos habían fundado juntos la clínica San Ignacio y las dos familias -ambas tradicionales, de corte republicano la del doctor Bergaretxe- siempre han estado muy unidas, lo que llevó al antiguo titular de Interior a supervisar muy de cerca la reapertura, infructuosa, de las investigaciones. Tiene la «certeza casi total» de que 'Pakito' y los demás mataron al dirigente 'polimili'. «ETA no necesita mentir, pero toda regla tiene su excepción. Hay crímenes que necesita no confesar, crímenes bárbaros que causarían una honda conmoción dentro de la propia banda», opina.
Hervidero político
'Pertur' deja el colegio en el 67. En el 69, Gorka Knörr era «casi un 'okupa'» en la casa familiar de los Moreno Bergaretxe y ambos solían acabar de madrugada con la cuadrilla comiendo sopas de ajo y chuletillas de cordero en el puerto de Trintxerpe. A principios de los setenta empiezan a discrepar sobre la utilidad de la lucha armada. «Mi apuesta decidida por la no violencia nos separó entonces», recuerda Knörr, que cantará en su memoria -en el homenaje con el que sus amigos le recordarán hoy y pedirán que se siga investigando- el tema 'Txakurrak', que compusieron juntos, «y que no se refiere a la Policía, sino a nosotros y a nuestra actitud de perritos sumisos a la dictadura».
La EUTG era un auténtico hervidero político. Knörr y 'Pertur' viajaron juntos al juicio en Burgos del etarra José Mari Arrizabalaga y a la vuelta informaron a una multitudinaria asamblea en el patio de la universidad. Otro día, preparando exámenes, Knörr se asomó a los apuntes de 'Antxon' -que también estudiaba allí-y se encontró con que Etxebeste se estaba empapando de los escritos de Lenin. Todos coinciden en que 'Pertur' fue fruto de su época y que su apuesta por la violencia en un momento dado tenía un claro componente antifranquista. El activismo como sustituto de la vocación religiosa, según la visión de su hermano Álvaro.
¿Es 'Pertur' víctima de su propia violencia? «Es un esclavo de su tiempo», analiza Mayor, convencido de que si Eduardo Moreno viviera hoy tendría el perfil «de un Bandrés o un Mario Onaindía, personas que fueron entendiendo que la anomalía del régimen anterior no podía alterar sus vidas para siempre» y que se percataron, dice, de que la banda había pasado a ser «la degeneración de un fenómeno nacionalista y totalitario».
Álvaro Moreno es optimista respecto al fin del terrorismo porque cree que «la conciencia de que la violencia es disfuncional» ha arraigado también en el propio mundo de ETA. Pero ve una dificultad añadida respecto a quienes, como su hermano, se descolgaron de la lucha armada hace treinta años. «Entonces no era necesario construir un relato para justificar lo que habían hecho, ya venía dado por el propio franquismo. Ahora sí deben hacerlo. Y los relatos, cuanto más se despegan de la realidad, más difíciles son de creer».