Casi dos años -22 meses exactamente- lleva la perrera municipal de Vitoria sin tener que sacrificar ningún perro sano. El mérito hay que atribuirlo sobre todo al auge y fomento de las adopciones de canes abandonados en el seno de nuevas familias alemanas, gracias a las buenas relaciones existentes con asociaciones protectoras ese país. El trabajo del colectivo alavés Apa.SOS-Vitoria ha hecho que 1.300 animales que habían recalado en las instalaciones de Armentia hayan encontrado un nuevo hogar. De ellos, nada menos que 800 han encontrado la salvación en Alemania, mientras otros 500 han podido encontrar acomodo en Álava o en otras provincias.
Así, apenas 16 perros han muerto en el Centro de Protección de Animales de la capital alavesa en los seis primeros meses de este año. Sólo tres han tenido que ser sacrificados por sufrir enfermedades terminales o especialmente dolorosas. Los otros 13 fallecidos han sido «jóvenes cachorros de camadas muy amplias y que han sido incapaces de salir adelante separados de sus madres», explica la jefa del área municipal de Salud y Consumo, Txaro Preciado. En conjunto, las pérdidas sólo representan el 2,37% de los 675 canes que han pasado por la perrera en 2006.
La gran mayoría de los animales -un total de 598- ha logrado una salida, aunque 61 permanecen todavía en el centro. «148 ejemplares volvieron a sus casas al acudir sus dueños a Armentia a buscarlos», explica, por su parte, el veterinario municipal Juan Aranburu. Los 450 restantes «consiguieron ser adoptados, a partes iguales, esto es 225 y 225, en Alemania o aquí mismo», detalla Preciado.
Las estadísticas de Apa.SOS coinciden, aunque el 70% de su actividad se centra en el flujo de canes hacia Alemania. «Llevamos 1.157 perros adoptados desde que empezamos a funcionar en octubre de 2004», explica su presidente, Martín Martín, un funcionario vitoriano de 38 años, con el que trabajan otra quincena de personas. «Las familias alemanas han adoptado a 790 de esos perros en estos 22 meses», detalla.
Pese a este importante impulso, Martín no es optimista con la situación de estos animales. «No aumentan las adopciones al ritmo que quisiéramos y, lo que es peor, tampoco descienden los abandonos. Es penoso, pero es así», asegura. En la misma línea, el veterinario Juan Aranburu constata que esa bajada de la tendencia a deshacerse de las mascotas de los últimos cinco años «se ha estancado en estos dos ejercicios».
Tasas y esterilización
Ambos apelan a una mayor concienciación ciudadana. «Muchos dueños ni siquiera se preocupan de ponerles los microchips obligatorios a sus perros», dice Martín. Aunque Vitoria cuida bien este aspecto y más del 80% de los dueños identifican a sus canes, Aranburu asegura que «la realidad se invierte en las zonas rurales».
«Tenemos que insistir en que los perros y las mascotas no son un juguete para los niños, que se regala, se usa unos meses y luego se tira», recalca el veterinario. El Ayuntamiento elabora estos días un vídeo para proyectarlo en las escuelas y tratar de concienciar a los niños y adolescentes.
Pero las buenas palabras no bastan. Para evitar que algunos propietarios dejen a sus animales en la perrera para siempre, los responsables municipales planean aumentar las tasas. «La estancia de cada perro cuesta al municipio como promedio 140 ó 150 euros, unas 25.000 de las viejas pesetas», explica Txaro Preciado. Aranburu apunta que también «está en estudio» estimular la esterilización de los animales en algunos casos, para «evitar que tengan camadas abundantes e indeseadas», que facilitan luego los abandonos.