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Domingo, 23 de julio de 2006
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ÁLAVA
El cofrade de la cesta punta
El ex pelotari Esteban Ibarra trabaja como canchero en Adurza, donde sigue fabricando a mano las 'txisteras' que tantas glorias le han dado
El cofrade de la cesta punta
A MANO. Ibarra arma una de sus cestas en Adurza. / N. GONZÁLEZ
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EL PERSONAJE

EL PERSONAJE
Residencia: En Vitoria, desde los dos años.

Nació en: Durango (Vizcaya).

Edad: 58 años.

Aficiones: la cesta punta. Tras dedicarse a ella como profesional dirige desde el Club Gasteiz Jai Alai a los alumnos de cesta punta.

Peculiaridad: En su garita del frontón de Adurza, sigue fabricando a mano cestas de madera y mimbre. También las repara.

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A los 8 años entró en la Cofradía de la Santa Cesta. A saber, la que eleva a los altares a la modalidad más universal de la pelota vasca: la cesta punta. Y, como el que tuvo retuvo, Esteban Ibarra no ha sabido -tampoco ha querido- desligarse nunca del «apasionante» mundo de los frontones en el que sigue desenvolviéndose como pez en el agua. Amarró su primera cesta de madera y mimbre cuando apenas superaba el metro de estatura y, desde entonces, su vida ha girado en torno a ella. Y es que, a sus 58 años, el canchero de Adurza -como lo conocen en el 'mundillo'- sigue viviendo por y para este deporte. Y no piensa abdicar. Aunque las cosas ya no sean lo que eran.

El acento nostálgico -tierno, incluso- le sobreviene sin remedio al recordar aquellos gloriosos años -las décadas de los 60, los 70 y los primeros años de los 80- en que la cesta punta triunfaba en todo el planeta. Desde China hasta Miami, de México a Filipinas. Los frontones se llenaban, la gente vibraba. «Eran otros tiempos. Entonces, la gente tenía aficiones. Ahora, en cambio, la televisión ha acabado con todo», expone con criterio.

En aquellos años -tras su debú en su Durango natal allá por 1964- Esteban y sus dos hermanos, Juan José e Isaías, triunfaron en las canchas de medio mundo. «Nos hemos defendido muy bien pero, aunque de Filipinas guardo un recuerdo magnífico, como en Euskadi no se vive en ningún sitio», asegura.

Su periplo internacional tenía, pues, fecha de caducidad y el clima de Vitoria, quién lo diría, tuvo la 'culpa' de que Esteban recalara en 1977 en la capital alavesa. «Mi padre era asmático y este clima le venía muy bien, así que compramos un piso y nos instalamos aquí».

Frontón y escuela

En Vitoria, cesta a cesta con su hermano Juanjo, inauguró el frontón de Mendizorroza con un «inolvidable» partido a 35 tantos -que por cierto ganaron- y se implicó de lleno en el Club Gasteiz Jai Alai, desde donde ahora dirige a los 60 alumnos que aspiran a seguir sus pasos.

Empezaban los años 80 y, aunque todavía el frontón de cesta seguía siendo el pez grande, el esplendor de esta modalidad comenzaba a ajarse. La pelota a mano comenzaba a pisarle con fuerza los talones. «El ciclo de la cesta punta terminó y le tocó el turno a la pelota. No existe ninguna explicación lógica, pero lamentablemente fue así».

No obstante, pese a aceptar con la dignidad de los grandes campeones el declive de la cesta punta, Esteban lamenta que esta disciplina no haya sido capaz de 'venderse' como la pelota a mano. «Necesitamos una gran empresa que nos gestione, publicidad y televisión, porque salir en la caja tonta es sinónimo de triunfo».

Retirado del circuito profesional desde hace veinte años, Esteban Ibarra ha conseguido reorientar su profesión sin tener que abandonar su gran pasión, ésa que le ha dado «todo». Disfruta enseñando a las nuevas generaciones lo que él aprendió de niño y armando artesanalmente, con verdadero mimo y paciencia, las 'txisteras' que tantas glorias le han dado.

En cada una, lo tiene bien calculado, invierte veintidós horas. Compra el material en bruto -madera de castaño, mimbre y un guante de badana para la empuñadura- refina la madera y arma el molde sobre el que tejerá después el mimbre. Y aunque hace unos años podía llegar a fabricar tres por semana, ahora Esteban ha bajado el pistón. «Las hago de vez cuando, para algún amigo o como favor», reconoce.

Aunque su retiro laboral llegará «con el tiempo», Esteban Ibarra seguirá siendo un pelotari «de por vida». «Es algo que se lleva muy dentro, pero lo primero hoy en día son los estudios. Yo no tuve la oportunidad de estudiar y es lo primero que inculco a mis chavales, porque nadie sabe lo que la vida le puede deparar», sentencia.



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