Las murallas medievales de nueve de las localidades alavesas con más historia recibirán este año una inyección de 390.000 euros que mantendrá en pie algunas de sus partes más deterioradas. La sociedad foral Arabarri, responsable de la rehabilitación de los cascos históricos, mantiene un ejercicio más su apuesta por estas fortificaciones con las que han convivido durante siglos varias generaciones de alaveses.
Según explicó la gerente de Arabarri, Luisa López Taberna, su equipo intervendrá en estos meses en las murallas de Laguardia, Salinillas de Buradón, Labraza, Peñacerrada, Bernedo, Salinas de Añana, Contrasta, Antoñana y Santa Cruz de Campezo.
Para que la recomposición de los muros sea lo más acorde posible con su entorno, los expertos se valen de completos estudios arquitectónicos y socioeconómicos. Así, los recintos de Laguardia y Antoñana ya cuentan con su propio plan director, un documento que marca cuáles son las mejores intervenciones para que estas construcciones perduren varios siglos más. Peñacerrada y Labraza contarán pronto con esta herramienta y Bernedo y Contrasta se hallan en la fase de estudios previos, indicó Lopez Taberna.
Con carácter
Aunque siempre se actúa en los tramos que están a punto de desplomarse, antes de emprender una actuación integral, los restauradores analizan múltiples factores. Por ejemplo, estudian las casas que han aprovechado parte de los muros como fachada externa o los tramos que han quedado ocultos entre edificios. Además, al igual que pasa con la catedral Santa María de Vitoria, los expertos analizan las modificaciones o reparaciones que han sufrido estas fortificaciones a lo largo de los siglos.
Arabarri incluye además en cada plan director un estudio de las patologías y otro antropológico. «Se trata de saber lo que significa la muralla para la población. Es importante, porque el hecho de haber vivido durante siglos protegidos condiciona el comportamiento y el carácter de los habitantes», indicó la gerente de la sociedad foral.