Luis Mari Bengoa es una de esas personas que viven cada día como si fuera el último. No por miedo, ni tan siquiera por prisa, simplemente por pasión. Y es que, como él mismo argumenta, «una persona sin ilusiones es una persona sin vida». Sobre esta máxima, Luis Mari -gestor comercial de profesión, animador incombustible de ferias de afición- ha construido una vida de la que, a sus 60 años, reconoce sentirse «muy orgulloso». Y no es para menos, teniendo en cuenta que, a día de hoy, puede presumir de tener «prácticamente todas las puertas de Álava abiertas. Ése es el gran triunfo de mi vida, de mi esfuerzo y de mi trabajo».
Y es que, desde que a los 14 años comenzó a trabajar en un taller de balanzas en su Ochandiano natal, Luis Mari Bengoa no ha conocido el descanso. Infatigable, activo y vital, el periodismo, el deporte, la agricultura y la ganadería han marcado su labor. «De crío siempre soñé con ser periodista o veterinario y, aunque sin carrera, creo que a la larga he conseguido ser las dos cosas».
Su trayectoria lo corrobora. Su primer contacto con el periodismo le llegó con apenas 20 años, cuando comenzó a hacerse cargo de la información deportiva en 'La Gaceta del Norte'. De ahí, dio el salto a las ondas, de la mano de Radio Vitoria, donde dirigió hasta hace dos años el segundo programa más longevo de la historia de esta emisora local: Araba Lur Bizia. «Se emitía los domingos por la mañana y era un programa cercano a la gente, vivo y directo. Apasionante, como la radio misma». Lo compaginó durante años con su sección de deporte rural en el diario Deia y con el programa 'Sustraiak', que todavía se emite en EiTB y al que ha convertido en el espacio más antiguo que se mantiene en la parrilla de la televisión autonómica.
El deporte rural
Luis Mari Bengoa crecía como periodista al mismo tiempo que abanderaba la ardua tarea de «resucitar y recuperar nuestras raíces más profundas». Desde diferentes polos. Desde lengua, desde el deporte y desde el campo. «Son raíces que heredamos de nuestros antepasados y que hay que defender a muerte porque nos identifican como pueblo. Y un pueblo sin identidad es un pueblo sin vida», expone.
Se propuso fomentar el deporte rural en Álava y no paró hasta poner en marcha en 1977 el I Torneo Interpueblos de Deporte Rural, al que después siguió su homólogo en categoría de bolos. Cuatro años más tarde, hizo realidad su sueño de fundar la Federación Alavesa de Deporte Rural y, así, «poco a poco, paso a paso, se ha ido manteniendo la llama». «Sin embargo -lamenta Bengoa-, existe poco apoyo tanto de las instituciones públicas como de las entidades privadas. Lo minoritario no interesa porque sólo interesa el voto».
Ocurre lo mismo, a su juicio, con el sector agropecuario, del que él, en cambio, ha sido siempre máximo adalid. «A finales de los 70 el sector primario estaba completamente dejado. De hecho, habían desaparecido las ferias más significativas que poco a poco hemos ido recuperando». Entre ellas, la de Navidad y la de Santiago, en la capital, y un sinfín de ellas que a día de hoy siguen celebrándose por toda la provincia.
Después de hacer balance de su vida, y hasta de sopesar la posibilidad de escribir un libro, Luis Mari Bengoa no se olvida de un último apunte. En esta ocasión, va dirigido a una compañera de viaje muy especial: su trompeta. «Tuve que dejar de tomar clases porque el tiempo no daba para todo, pero nunca dejé de tocar. He practicado a mi aire y, a día de hoy, es mi válvula de escape». Merecido escape.