«De un tiempo para acá el tema acústico nos trae de cabeza». Lo dice un representante en Vitoria de la empresa Wanner y Vinyals, distribuidora de material para los aislamientos acústicos y térmicos en las viviendas particulares. Su declaración es quizá la más rotunda de cuantas ha recabado EL CORREO entre las empresas del sector. Pero sus colegas de gremio coinciden en lo básico.
Y es que la demanda ha crecido con fuerza a la hora de evitar las molestias derivadas de los ruidos. Según los cálculos que cabe obtener tras consultar a media docena de firmas se deduce que el incremento en la solicitud de aislantes para los ruidos es del 40% en los últimos cinco años.
De todos modos, la eficacia de aplicar pladur, lana de roca volcánica o tabiquería seca parece relativa. No por la falta de calidad de los materiales insonorizantes, sino debido a la falta de voluntad de algunos vecinos a la hora de reconocer que las molestias acústicas proceden de sus casas. «El error, por decirlo así, es aislar lo tuyo si los ruidos te llegan de fuera. Si haces la obra en tu casa estarás beneficiando a los demás, pero no impedirás que te lleguen los del vecino si él no aisla su piso», comenta una portavoz de Aisnor.
Además de amortiguar los ruidos mediante obras en techos, paredes medianeras o suelos, también se ha registrado un aumento importante en la demanda de cristalería. De este modo los ciudadanos tratan, cada vez más, de reducir el impacto de sonidos propios de la calle, como obras y tráfico rodado. «No sé si antes nos importaba menos, pero es cierto que ahora la gente se queja más y quiere poner remedio», añaden desde Aisnor.
El foco emisor
El asunto es más complejo de lo que parece. Así lo apunta una persona autorizada de Sistemas Romero, quien diferencia la solución según de dónde procedan las agresiones acústicas. «Si los ruidos llegan del vecino de al lado, por voces o el volumen de la televisión, tiene buen arreglo y se consiguen atenuar mucho. Lo peor de todo es si las molestias vienen del piso de arriba, sobre todo, y luego del de abajo. Si es por estructuras, vigas o pilares no hay nada que hacer. Y en las casas viejas de madera es un problema muy gordo», afirma.
Un operario de Aislamientos Munain, que trabaja estos días en un piso de la calle Dato, confirma la clara tendencia al alza en cuanto a demandas de insonorización. «De cada diez personas que hacen reformas en pisos viejos, ocho piden pladur y dos, ladrillo». Las ventajas del pladur se relacionan con todo tipo de aislamientos, desde los acústicos hasta los térmicos -frío o calor- o humedades y cortafuegos. Otros optan por la lana de roca volcánica, treinta kilos de densidad y cuatro centímetros de grosor.
La misma fuente calcula que el metro cuadrado de pladur oscila entre los veinticinco y treinta euros por metro cuadrado, unas cantidades similares a «las 3.500 ó 4.000 pesetas» que indica el portavoz de Wanner y Vinyals. Generalmente se invierte ese dinero para establecer separaciones en interiores de las viviendas y techos falsos.
«Nosotros hemos notado un aumento en la venta de materiales», manifiestan en Sistemas Romero. «Cada vez más», agregan en Munain. «Últimamente la gente se queja más, pide más silencio en sus casas», dice la portavoz de Aisnor. Iso Vitoria, que trabaja fundamentalmente para la industria, también confirma el incremento.