El consejero de Vivienda, Javier Madrazo, aprovechó la presentación, en junio, de unos datos sobre las quejas acústicas de los vascos para ensalzar la experiencia aplicada por su departamento en Abetxuko, hace tres años. Se trataba de 106 pisos nuevos de protección oficial con un sistema de materiales aislantes para amortiguar los ruidos. Según las encuestas que maneja su área, el grado de satisfacción de los vecinos por la reducción de molestias supera en un 40% el promedio de Euskadi.
No obstante, y según las opiniones recabadas entre empresas del sector, no todo resulta ideal. En Aisnor reconocen que «este año sí está empezando a darse más guerra con las directrices del Gobierno vasco», pero que ese celo no se ha manifestado tan claramente en ejercicios anteriores.
El gremio aclara que actúa con sus materiales aislantes -pladur, lana de roca volcánica o yeso- «sobre proyectos ya hechos». Es decir, que los problemas de ruidos deben localizarse en la raíz de toda construcción, los planos. «Muchas veces por reducir costes se colocan menos placas de las convenientes», añaden firmas especializadas en la insonorización.
Las mayores quejas
En aquella presentación de la encuesta sobre las molestias acústicas en la comunidad autónoma, el consejero de Vivienda se refirió a las principales causas que apuntaban los vascos. Salvo pequeñas diferencias, los inconvenientes eran los mismos para alaveses, guipuzcoanos y vizcaínos.
Según la estadística, cuatro de cada diez ciudadanos de Euskadi confesaba sentirse «molesto» por el exceso de ruidos en sus domicilios, bien procedentes del exterior o dentro de las propias casas. La fontanería, los ascensores, el garaje, las labores de bricolaje, los equipos de audio y las pisadas del piso superior o el arrastre de muebles condensaban el mayor número de inconvenientes.
En cuanto a las agresiones acústicas exteriores, los vascos mencionaban las derivadas del tráfico, las voces de gente en la calle y los ruidos que generaban los niños en sus juegos infantiles.