El próximo 5 de agosto es la fiesta de la Virgen Blanca. Se trata de una antiquísima advocación, en el origen de la cual hay una hermosa leyenda, con variantes, del siglo IV. Una de las variantes nos habla de un matrimonio romano, acomodado y sin hijos, deseoso de honrar a la Virgen María. Pero no sabía qué hacer para ensalzar a la Madre de Dios. Hasta que milagrosamente, en la madrugada de un 5 de agosto, nevó en un un lugar de la Ciudad Eterna. De ese modo el matrimonio supo dónde erigir una iglesia, que con el tiempo se llamó de Santa María la Mayor, de la Virgen de las Nieves o de la Virgen Blanca.
La devoción a esta Virgen está muy extendida por Europa, y también en España. Las catedrales de León y Toledo, por ejemplo, cuentan con sendas imágenes. Pero sin duda la más conocida es la Virgen Blanca de Vitoria. patrona de Vitoria, adonde trajo esta devoción Sancho VI el Sabio, rey de Navarra, en el momento de la fundación de la ciudad el año 1181. Las estampas e imágenes abundan. El lector puede ver la ilustración que figura en el libro 'Alava, solar de arte y de fe', de Gerardo López de Guereñu. Es una estampa de 1850.
No es ésta la única advocación de la Virgen Blanca en la Provincia. López de Guereñu, en la obra que acabamos de citar, da cuenta de sendas ermitas en Llanteno, Villamaderne y Sobrón. La segunda quedó en ruinas, y la tercera es del siglo XX.
No hace falta decirlo, la devoción vitoriana está bien viva, como llena de vitalidad está asimismo la Cofradía de la Virgen Blanca. Creyentes o no, los vitoranos conocen y respetan de modo especial la imagen de la Virgen, en la hornacina exterior de la iglesia de San Miguel. Preside la plaza principal de la ciudad, plaza que se llama de la Virgen Blanca desde 1901, habiendo tenido antes el nombre de Plaza Vieja, además de dos nombres populares: Plaza de la Sartén y El Mentirón.
Estupenda descripción
Hoy traemos aquí lo que en 1970 escribió de la imagen la profesora Micaela Portilla, y de ese modo honramos su memoria, en las primeras fiestas de Vitoria en que no estará. Es la descripción de la imagen, texto breve pero enjundioso que figura en el tomo III del 'Catálogo monumental de la Diócesis de Vitoria', página 192. Dice así:
«Es una bella imagen de piedra policromada, De pie, esbelta, de figura alargada y proporcionada, mide 2,07 metros. Cara ovalada, encuadrada por las ondulaciones del velo que le cae sobre los hombros dejando ver discretamente el cabello. Corona de cuatro florones, túnica de gruesos y largos pliegues que se recogen formando pronunciados ángulos sobre los pies descalzos con zapatos redondos levemente puntiagudos. Correa ornamentada con múltiples tachones muy juntos unos de otros, constituídos por flores cuatrifoliadas en forma de rectángulo y muy poco resaltadas. Escote cerrado redondo, dejando ver un poco la túnica inferior; y prendido en él un joyel. El manto, atado por triple cordón, cae sobre los hombros, y recogido por debajo del brazo derecho, le cruza hasta quedar sujeto por el brazo izquierdo que sostiene, levantándolo, el otro extremo del mismo. En la mano derecha tiene una flor, y con la izquierda sostiene al Niño que, entado sobre el brazo materno, de cara al pueblo, aparece completamente vestido con túnica y manto. Con la mano izquierda sostiene la bola del mundo y con la derecha bendice. Su cara es redonda; el pelo cortado sobre las orejas y no tiene corona, El pedestal es ovalado».
Y la autora se extiendoe luego sobre esta «desconcertante» imagen, de la que dice que «a primera vista parece gótica de la primera mitad del siglo XIV», y sobre la que, según parece, el primer documento escrito es de 1596.
Triste comienzo
Es conocida la preocupación por el deterioro de esta imagen, hasta el punto de pensarse en una réplica, de modo que el original pase quizá al interior de la iglesia. Ya ha tenido varias restauraciones. Entre otras cosas, la flor que la Virgen tiene en la mano es de 1859. Confiemos en el buen hacer de los responsables del templo, de la Cofradía y de las autoridades.
Por lo demás, puesto que defendemos el patrimonio cultural, volveremos a decir que no nos gusta el comienzo de las fiestas de Vitoria tal como se estila en los últimos años. Lo que antes era media hora de alegría y jolgorio (aunque con las normales incomodidades de las multitudes), se ha convertido en un lamentable espectáculo de salvajismo y brutalidad. Ya empezó con la entrada del cava, ejemplo de seguidismo y zafiedad (y no nos digan que después eso se limpia rápidamente). Y luego está la utilización del acto por algunos partidos políticos, por las firmas comerciales, etc. Para acabar en las agresiones del año pasado a quien representaba a Celedón. Tristísimo. La sociedad vitoriana, por encima de diferentes credos e ideologías, debiera tomarse en serio este asunto. Porque las fiestas, por paradójico que le parezca a alguno, son asunto muy serio.