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Martes, 1 de agosto de 2006
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La OTAN toma el mando en el sur de Afganistán tras el fin de la ofensiva de EE UU
La Isaf afronta la operación más complicada desde que inició su misión en el país asiático
La OTAN toma el mando en el sur de Afganistán tras el fin de la ofensiva de EE UU
VIOLENCIA DIARIA. Vecinos de Jalalabad observan a las víctimas de la explosión de un coche. / AP
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La Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (Isaf), bajo mando de la OTAN, tomó ayer el relevo de los soldados estadounidenses al cargo de la seguridad en las provincias del sur de Afganistán. Se trata de su tarea más difícil desde el inició de la misión en el país asiático en 2003. Así, la protección de las provincias sureñas de Day Kundi, Helmand, Kandahar, Nimroz, Uruzgan y Zabul pasó oficialmente al cargo de las fuerzas de las tropas de la Alianza Atlántica en una ceremonia oficial que se celebró en Kandahar.

El cambio de mando se produce en medio de una escalada de violencia que ha acabado con la vida de alrededor de mil personas y que ha incluido ataques suicidas al estilo iraquí en el sur de Afganistán.

A largo plazo

El general británico David Richards, jefe del cuerpo de respuesta rápida de la OTAN, afirmó que «la Alianza Atlántica está aquí a largo plazo, hasta que el Gobierno y el pueblo de Afganistán necesiten de su asistencia». El cambio de autoridad ha puesto término a la mayor operación antitalibán iniciada en Afganistán desde que EE UU invadiera el país en 2001. La ofensiva, llamada 'Empuje a la Montaña', ha contado con la participación de más de 10.000 soldados en un intento de acabar con los rebeldes. Sin ir más lejos, el Ministerio de Defensa anunció ayer la muerte de diez insurgentes y la detención de otros catorce.

No obstante, las fuerzas de la coalición lideradas por Washington seguirán actuando sobre las provincias orientales de Afganistán. En esta zona, ocho personas murieron ayer y otras dieciséis resultaron heridas al explotar una bomba junto a una mezquita en las cercanías de Jalalabad. El artefacto estaba colocado en un coche en el que viajaban cinco policías y tenía como objetivo atentar contra el gobernador de la provincia de Nangarhar. Sin embargo, el mandatario resultó ileso.



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