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Martes, 1 de agosto de 2006
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SOCIEDAD
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De cine
Para el realizador getxotarra, que no tiene alma de turista ni de veraneante, el mayor paraíso es rodar una película en agosto
De cine
TRABAJO. Su verano ideal es en el que pueda rodar. / EL CORREO
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Su relación con el verano es 'extraña'. Enrique Urbizu lleva mal «la agresión del calorazo y el cambio horario que tenemos en Europa». Le parece insensato contrariar al reloj solar «tendríamos que despertar con el amanecer; yo me vuelvo loco». Es de Getxo. Su padre aprendió a nadar antes que a andar. «Mis hermanas son fanáticas del sol. Lo respeto; pero, a mí, la playa me hace sufrir. No lo entiendo: medio desnudo, a tantos grados de temperatura, haciendo nada». Se le ocurren mil sitios mejores para leer un libro. «Si me pierdo, no me busques en una playa». Y, para que no haya dudas, añade: «El bañador que anda por casa lo compré hace veinte años y creo que está sin estrenar».

En su vida no hay fechas ni horarios. Coge una semana libre y se encierra en casa a cocinar, a celebrar con los amigos, a ver cine antiguo. «Pero irme oficialmente de vacaciones, en mi vida. No tengo alma de turista ni de veraneante. En agosto probablemente me encuentres leyendo a la sombra o trabajando en una película, lo que significa el paraiso». Por eso tiene un recuerdo imborrable del verano del 90: rodó 'Todo por la pasta' en Bilbao. «Fue histórico. La ciudad estaba en llamas, era una parrilla; como dicen los mexicanos: planchaba el diablo». Había sequía, restricciones de agua. «No me podía duchar al volver a casa. Eso se palpa en la película y es increíble. Si no hubiera estado rodando, habría sido para pegarme un tiro». Le resultó especial y memorable, «porque la película enseña un Bilbao inaudito que ha ido desapareciendo: el teatro Abando, la central de Bomberos, el Palacio de Justicia, Albia».

Dos años después Urbizu pactó con las calendas. Rodó dos veces en Almería y estableció una nueva relación con el sofoco estival. «Aquel calor en la piel y la brutalidad del paisaje desértico de Tabernas marcaron una sumisión a la temperatura veraniega; cambié el rechazo por la aceptación». Aunque el verano siga siendo su estación difícil, «el periodo a evitar». Le molesta hasta la ropa. «Voy en mangas de camisa, con los bolsillos repletos de llaves, móvil, cartera, gafas de sol, tabaco. No sé dónde meter las cosas». Pero sí sabe dónde perderse: «En la selva del Irati. El bosque me gusta mucho».

El realizador cree que la gente se estresa mucho en vacaciones. «Parejas que se ven una hora por la noche durante todo el año se tienen que aguantar todo el día. Es un tiempo muy revolucionado; hay muchas separaciones, mucho lío». Las familias conviven más entre sí, defiende, y vuelven peor de lo que fueron. Por eso propone unas vacaciones para descansar de la familia. «Que se separen todos y cada uno haga lo que le da la gana. Algo así: 'Te veo el mes que viene, cariño. Voy a descansar de tí'».

Dice ser hombre «de puertas para adentro». Le incomoda que el día se estire hasta las diez de la noche; le agrede el exceso de luminosidad. Prefiere «el recogimiento invernal a la apertura veraniega». No quiere ni puede aparcar el trabajo. «Mis vacaciones redondas consisten en rodar. Me pongo una peli y no sé si la veo o le hago la autopsia. Los que nos dedicamos al cine tenemos ese pequeño cruce». ¿Su peor infierno imaginable?: «Chiringuito, chanclas, paellita, atasco, niños, suegra, flotador, mogollón, altavoces. Ni calor, ni playa, ni verano. Mal. No».



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