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Viernes, 4 de agosto de 2006
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ÁLAVA
El descenso más deseado
Los técnicos ultiman los preparativos para la bajada de Celedón desde San Miguel
El descenso más deseado
EN LO ALTO. Ramón Langaran colabora en la Parroquia de San Miguel colocando el cable por el que bajará Celedón. / NURIA GONZÁLEZ
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Una cuerda estática de alrededor de 200 metros y dos poleas. Éstos son los elementos que necesita Celedón para realizar el descenso esta tarde. El montaje de toda esta infraestructura, aunque parezca arte de magia u obra de duendes, es el resultado de la labor que realizan varios operarios durante la madrugada del 1 al 2 de agosto. Esa noche, cuando todo el mundo se acuesta y la soledad reina en la calle, varias sombras se mueven en silencio y dejan todo a punto para que el personaje más aclamado de las fiestas cuelgue de las alturas con total seguridad.

La labor de estos técnicos nocturnos comienza en la subida al campanario de San Miguel, donde una estampa de la plaza de la Virgen Blanca vacía y solitaria cautiva por unos instantes a los operarios. Una vez allí, se coloca el anclaje de la cuerda, el primer punto firme que enlazará el campanario con el punto de llegada, varios metros más abajo, y se procede a su tensado.

«Procuramos hacer el menor ruido posible, si no pierde todo su encanto e incertidumbre. A veces se acercan personas a preguntar, o hasta comienzan a cantar», manifiesta Arkaitz Erkiaga, uno de los técnicos encargados de colocar la estructura. En total, son tres las cuerdas que aseguran el 'vuelo' del entrañable Celedón: una de ellas permanece fija en la tirolina y las otras dos lo mueven hacia arriba y abajo. Y con todo listo, llega el momento del ensayo general: Celedón de trapo asoma por lo alto para comprobar su estabilidad, y con el cielo estrellado en lugar de una multitud festiva a modo de público, esta figura prácticamente invisible -ya que va tapada para que nadie lo vea antes del gran día- atraviesa la oscuridad sigilosamente.

Aún así, el muñeco no está solo ni en el previo ensayo ni durante el 4 de agosto, ya que alrededor de siete técnicos especializados vigilan cada uno de sus movimientos. Estos operarios de la empresa UR, acostumbrados a organizar actividades de turismo activo como el surf o el piragüismo, realizan por cuarto año consecutivo uno de sus trabajos más festivos.

Seguridad

«Nuestro objetivo principal es velar por la seguridad de Celedón y que durante el Chupinazo todo salga a la perfección», explica Erkiaga. «Lo más complicado es colocar la cuerda, ya que hay que tener mucho cuidado», añade.

A medida que avancen las fiestas, estos vigilantes invisibles continuarán cuidando de las cuerdas, que desaparecerán sin dejar rastro con el regreso de Celedón a las alturas.



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