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Domingo, 6 de agosto de 2006
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SABIN SALABERRI, MÚSICO Y CELEDÓN DE ORO
«Cuando en Vitoria surge una iniciativa, nace a la vez la contraria»
Celedón de oro 2006, músico de vocación, defensor del auditorio, Sabin Salaberri vive una jubilación muy activa
«Cuando en Vitoria surge una iniciativa, nace a la vez la contraria»
ARMONÍA. Sabin Salaberri nació en una familia de músicos y desde niño aprendió a tocar un órgano como éste de San Pedro. / IGOR AIZPURU
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Sabin Salaberri dimana a sus 71 años la fuerza natural de un cuarentón. Todavía hace paseos montañeros mañaneros, recorre ciencuenta kilómetros de bicicleta, nada en la piscina, juega a pala o asiste a cualquier maratón popular. No concibe la vida sin música ni práctica deportiva. A este ciclón nacido en Aramaio le han concedido el Celedón de oro 2006, junto al inolvidable 'Jovi' -a título póstumo- por su aportación a la música.

-¿Lo esperaba?

-Pues me habían comunicado con un año de antelación que me iban a proponer, así que sabía que el asunto estaba en 'la olla', pero tampoco me lo esperaba.

-¿Y está satisfecho?

-No sé si lo merezco o no, porque es un premio para alguien que ha significado algo para la fiesta patronal. Y yo soy un poco aburrido y no participo en los festejos como otros. Huyo de ruidos y alborotos.

-Este galardón suele darse a vitorianos de toda la vida, pero usted no es de la capital alavesa.

-Yo soy vitoriano de adopción, ya que vine a estudiar de niño y al cumplir 26 años me quedé.

-¿La música goza de buena salud en Vitoria?

-Estupenda. Se encuentra en un estado excelente en todos los aspectos. De las escuelas y conservatorios salen ahora jóvenes con una exquisita formación musical tanto en la creación, como la dirección y la interpretación. Juanjo Mena, el compositor Koldo Laucirica, Bingen Mendizabal, Zuriñe Fernández Guerenabarrena, Alfonso Gómez, Inma Shara... Hay una generación fabulosa y no sólo individualmente. Los miembros más jóvenes de la Banda Municipal de Música de Vitoria, las fanfarres o los nuevos coros tienen una formación envidiable y suman ya el 85% de esos grupos. El avance ha sido portentoso.

-¿A qué se dedica ahora tras su jubilación?

-Pues estoy con muchos proyectos. Doy clases en los centros cívicos, toco piano y órgano, dirijo coros y grupos musicales, escribo música. La verdad, no paro.

Asignatura pendiente

-La asignatura de música es una 'maría' en la enseñanza. ¿Afecta eso al nivel musical de la calle?

-Claro que afecta. Más que 'maría' es una asignatura pendiente. En comparación con otras naciones la educación no ha conseguido los niveles de otros países europeos, como por ejemplo Francia o Alemania. Allí hay muchos músicos aficionados que sin haber pisado un conservatorio tienen una formación musical muy buena, insospechada en nuestro caso.

-¿Cómo se encuentra la afición musical en Vitoria y Álava?

-Hace unos años había un grupo bastante selecto que llenaba tan sólo 30 ó 40 butacas para oír a la Orquesta Sinfónica de Euskadi. Ahora hay 700 abonados y se llega al lleno. Eso en el Principal y en el Aula de la Fundación Caja Vital. Sin embargo, al conservatorio acuden menos espectadores.

-Su defensa del Auditorio le ha provocado muchos dolores de cabeza.

-Sí, porque muchos han querido utilizar políticamente mi postura al frente de la plataforma a favor del Auditorio. Defiendo su necesidad como músico y como aficionado a los conciertos. El público exige un espacio adecuado para la música que no tenemos en Vitoria. En el Euskalduna y en el Kursaal hay problemas para programar conciertos. Conciertos previstos con dos años de anticipación se caen por culpa de compromisos y te mandan a sitios donde no caben las orquestas.

-¿Por qué ese mensaje no ha sido entendido por algunos políticos?

-Los músicos tenemos intereses, pero también la gente que asiste a los conciertos. Los políticos no pueden responder que un Auditorio específico no es útil o rentable porque con esa regla de tres deberíamos cerrar los museos y las exposiciones que se programan. La cultura no se puede medir en cantidades.

-¿Hay solución al conflicto?

-Lo veo difícil. Yo pido un acuerdo entre todos los políticos y que eviten el protagonismo de colgarse la medalla uno y otro y colaboren. El proyecto de Navarro Baldeweg me convence mucho más que la ubicación de Lakua. No nos engañemos, el centro es el centro y si no que miren el Euskalduna o el Kursaal.

«Soy libre»

-Han llegado a decirle que es un pesebrero del PP. ¿En qué sentido le afecta eso a un nacionalista?

-La verdad en nada. Soy absolutamente libre y no me he sometido a ninguna disciplina. No quiero que me impongan nada. Sentirse nacionalista no pasa por que tenga que apoyar la línea del partido sobre el Auditorio. Con Alonso tengo buena relación porque somos vecinos y nos tratamos con cariño mutuamente como personas, pero eso no quiere decir que sus ideas políticas sean las mías.

-Dos plazas de toros, dos catedrales, dos nombres para la ciudad, dos pañuelos en fiestas. ¿No da la impresión de que Vitoria es una ciudad partida en dos con una tendencia al cainismo?

-Es una ciudad dividida. Aquí cuando nace una iniciativa paralelamente surge una contrainiciativa. Es una realidad. Muchos proyectos innovadores se han quedado en el camino y ocurre que hemos tenido la plaza del ganado más grande, cuando no hay ganado, o un geriátrico sin ancianos, o un gran aeropuerto sin aviones.

-En referencia a ese cainismo, ¿existe un sentimiento vitoriano que agrupe a todos por encima de diferencias políticas?

-Aquí no. Los bilbaínos y los donostiarras se sienten de su ciudad por encima de si son del PP, del PNV o abertzales. Eso lo he comprobado en el caso de la música, cuando San Sebastián se llevó la sede de la Orquesta Sinfónica de Euskadi o le arrebató a Bilbao el conservatorio, teniendo la ciudad vizcaína más alumnos. En Vitoria todavía nos dividen más cosas que las que nos unen. Tenemos que aprender mucho.

p.gongora@diario-elcorreo.com



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