El Correo Digital
Domingo, 6 de agosto de 2006
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ÁLAVA
Y LA CIUDAD DESPERTÓ
La llamada de bandas y charangas encendió la mecha festiva antes de que los blusas desfilaran por San Miguel para honrar con flores a la Virgen
Y LA CIUDAD DESPERTÓ
MÚSICA. Los txistularis en uno de los momentos de la llamada de bandas y txarangas, las antaño denominadas dianas. / FOTOS: JOSÉ MONTES
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Tras el recogimiento y el fervor religiosos en que se sumerge la ciudad al alba cada 5 de agosto, Vitoria comienza a desperezarse. El Chupinazo ha quedado ya atrás; la noche, que no sus consecuencias, también, y con los primeros rayos de luz las ganas de fiesta retoman el vuelo. Hacia lo más alto. Es el día grande.

Minutos antes de las nueve de la mañana los primeros blusas -impolutos en su primer día de faena- y los 'civiles' más madrugadores empiezan a llenar la plaza de España para asistir en directo a la convocatoria oficial de la fiesta. A pesar de que las antaño llamadas dianas -hace dos años pasaron a denominarse llamada de bandas y charangas- hayan ido languideciendo con el paso del tiempo. Se han quedado, de hecho, como una reliquia que se representa sólo el día 5 a las nueve de la mañana y que el resto de los días festivos retrasa su estruendo hasta el mediodía. No obstante, los sones del pasacalles Celedón, interpretados por la Banda Municipal de Música, siguen poniendo los vellos de punta a nostálgicos como Inmaculada Abejón y su marido, José Miguel Ruiz.

«El día 4 es para los más jóvenes. Nosotros preferimos cuidarnos para hoy (por ayer) porque el día de La Blanca es el más grande del año y hay que vivirlo desde primera hora», apuntaba la mujer. «De hecho a esta hora estamos en la calle los que realmente sentimos de verdad las fiestas», añadía su esposo.

Blusa «de corazón»

También hay blusas, «de corazón», que como Alfonso, de Los Desiguales, procuran ejercer «a todas horas y no sólo cuando de beber se trata». Y es que Alfonso se enoja incluso cuando «veo a algunos tirados en cualquier parte, sucios y borrachos perdidos. Esos no son blusas», se defiende. «Las fiestas son en honor a la Virgen, no a la botella». Dicho esto, las cuadrillas de blusas arrancaron su particular desfile hacia la hornacina de San Miguel para cumplir con la obligada ofrenda.

Los primeros en hacer los honores fueron los de Luken, que este año celebran sus bodas de plata. Encaramados a lo alto de una escalera, Enrique Cendoya y 'Minguito' depositaron en la hornacina un precioso ramo de gladiolos blancos y margaritas malvas, antes del aurresku de honor y del grito de 'guerra' -«gora Luken, gora Gasteiz y gora Deportivo Alavés»- con el que la cuadrilla se lanzó a brincar.

Petralak, Los Bainas, Bereziak, Zoroak... Todas las cuadrillas tuvieron su momento de recogimiento ante la Virgen y ante la mirada de cientos de vitorianos y turistas que no escatimaron en aplausos y gritos de ánimo. Y, tras cumplir con la patrona, a todos ellos les llegó el momento del desfogue.



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